Uno de ellos se juega la vida dejando su firma en un pórtico de la autopista a 30 metros

Uno de ellos deja su firma en un pórtico de la autopista a 30 metros de altura

Arte urbano

Peke y Barul, los grafiteros que se juegan la vida dejando su firma en las carreteras españolas

Tal y como explican estos grafiteros, lo suyo es taquear en las alturas; subirse al sitio más alto y jugarse la vida para dejar su firma para la posteridad

Peke y Barul son los herederos de Muelle, aquel grafitero de los años 80 que saltó a la posteridad por su mítica firma que ahora se venera en galerías de arte. Muelle y su flecha marcan el origen del taqueo en España; así se llama a dejar firmas en las calles, un estilo artístico underground con el que han pasado a la posteridad verdaderos artistas de barrio.

Hoy Peke y Barull exprimen hasta sus últimas consecuencias el lema que preside su vida: «Del barrio a la gloria», que no dejan de repetir en un documental en el que desde el anonimato más absoluto explican quiénes son, lo que hacen y por qué lo hacen.

300 firmas en las calles

Basta una ruta por la zona norte de Madrid, los polígonos y la autopista de Burgos o la de Barcelona para descubrir que Peke y Barul han hecho de ellas su lienzo. A día de hoy creen que «unas 300 firmas lucen ya en la capital», aunque en nuestra opinión son muchísimas más.

Los pórticos de las carreteras son su fuerte

Los pórticos de las carreteras son su fuerte

Pero para ellos taquear no es suficiente, lo llevan más allá y «se juegan la vida para firmar en sitios altos e insólitos, siempre sitios en los que creen que sus firmas van a perdurar en el tiempo y no se las van a borrar a los dos meses».

Grafiteros alpinistas

Hijos de la calle, de los parques y del sistema educativo español, se conocieron en el instituto, donde comenzaron sus andanzas: «Somos gente normal, pero llega la noche y nos apetece liarla un poco, subirnos a algún sitio y jugarnos la vida».

Cualquier sitio es bueno para escribir su firma

Cualquier sitio es bueno para escribir su firma

«Nos llama pintar en el sitio más alto», aunque, como explica Barul, «siempre lleva el rosario encima cuando vamos a pintar; gracias a ello nunca nos ha pasado nada, ni nos hemos matado ni nos han pillado».

Los protagonistas anónimos durante la entrevista

Los protagonistas anónimos durante la entrevista

La clave está en pintar en lugares a los que nadie llega, aunque cuando están en plena faena, los pensamientos en sus cabezas les juegan malas pasadas, como «¿qué pensaría mi madre si me viera jugándome la vida así?».

La recompensa: endorfinas y «la satisfacción de subir, llegar y haberlo podido pintar». Pero lo que hacen es grave y son conscientes de ello; si les pillan, se enfrentan a multas de entre 300 y 6.000 euros más el coste de la limpieza de lo ensuciado, sin dejar de lado que puede llegar a ser un delito penal en determinadas circunstancias.

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