24 de septiembre de 2022

Wolfgang Petersen icono

GTRES

Wolfgang Petersen (1941-2022)

El cineasta que hacía esperar a la muerte

Sus películas enfrentaban al hombre con la naturaleza. Y hasta en esa lucha, perdida de antemano, sus personajes y su cine plantaban batalla

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Nació en Emden (Alemania) el 14 de marzo de 1941 y falleció en Los Ángeles (Estados Unidos) el 12 de agosto de 2022

Wolfgang Petersen

Filmó una obra maestra como El submarino, una adaptación tan compleja como La historia interminable y varios títulos del cine catastrofista moderno

Las catástrofes en el cine lo eran un poco menos –en otro sentido, lo eran bastante más, bastante mejor– cuando era Wolfgang Petersen quien las relataba con imágenes. Entre otras cosas, además de por un talento alimentado por su esmerada formación en Alemania, porque su cámara se acercaba con singular cuidado a la catástrofe que encerraba el alma de sus personajes. No siempre, no en todos los casos y no con igual acierto, pero Petersen no se limitaba en modo alguno a arrojar únicamente a sus protagonistas contra tormentas perfectas, olas gigantes enviadas por Poseidón o virus mortales convertidos en epidemia. En medio de esa lucha del hombre contra la fuerza de la naturaleza, en esa batalla que –aunque no queramos reconocerlo– parece perdida de antemano, Wolfgang Petersen estaba al (y del) lado de sus personajes, aunque fuera de forma invisible. Ante esas catástrofes de colosales dimensiones, los protagonistas de su cine se hacían grandes, como si así fuera más difícil que esa ola gigante, esa tormenta perfecta o ese virus que se expande, imparable, arrasasen con todo lo que encontraban a su paso.
Para que, vía Hollywood, llegaran a nosotros todas esas luchas entre la pequeñez humana y la grandiosidad de la naturaleza, antes –mucho antes, en 1981– hubo de dirigir una obra maestra. Un título clave del género bélico que en el fondo –valga la expresión tratándose de El submarino (Das Boot)– era un relato antibelicista. Y un filme de cabecera de un subgénero prolífico como el cine de submarinos. La carrera de Wolfgang Petersen emergió con una fuerza extraordinaria al tiempo que se sumergía ese submarino con tripulantes que, en plena Segunda Guerra Mundial y como después sería una constante en su cine, luchan por virar su rumbo a la muerte.
Si Wolfgang Petersen, que trasladó a la gran pantalla todo el saber acumulado como director de televisión y teatro, retrató como pocos la valentía de sus personajes es, a buen seguro, porque el primer valiente era él mismo. Solo así se explica que decidiera embarcarse (esta vez sin barco) en una aventura tan compleja de adaptar como la novela fantástica (y fantástica novela) de Michael Ende La historia interminable. Visto el éxito, Hollywood reclamó su presencia para relevar a Richard Loncraine y dirigir, con menos suerte, Enemigo mío, con Dennis Quaid. Era 1985 y habrían de transcurrir seis años para que Wolfgang Petersen volviese a dirigir una película: La noche de los cristales rotos. Dos años después, en 1993, el héroe era un veterano guardaespaldas presidencial como Clint Eastwood que se colocaba En la línea de fuego y la amenaza, un asesino con el rostro de John Malkovich decidido a matar al presidente de Estados Unidos y con Rene Russo en el reparto de ese filme y del siguiente: Estallido, con Dustin Hoffman y Morgan Freeman.
Poco importaba que el peligro se presentase por tierra, como en esas películas; por aire, como en Air Force One (El avión del presidente); o por mar, como en La tormenta perfecta, Poseidón o en Troya, con el desembarco de todas aquellas naves. Wolfgang Petersen siempre encontraba la manera de plantar batalla. De oponer resistencia. De lograr lo imposible: hacer esperar a la muerte. Con lo mal que lleva ella eso de esperar.
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