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04 de marzo de 2024

Robert Badinter

AFP

Robert Badinter (1928-2024)

Extraditó a etarras a regañadientes

Ministro de Justicia durante el primer mandato de Mitterrand, abolió la pena de muerte, antes de presidir el Consejo Constitucional

Robert Badinter icono
Nació el 30 de marzo de 1928 en París, donde falleció el 9 de febrero de 2024

Robert Badinter

Abogado y ministro

La brillantez de su carrera como abogado, uno de los más famosos de su época fue el preludio a una brillante carrera política e institucional: ministro de Justicia entre 1981 y 1986, presidente del Consejo Constitucional entre 1986 y 1995 y senador socialista por los Altos del Sena desde 1995 a 2011.

«Francia debe continuar siendo tierra de asilo para los refugiados políticos», declaró Robert Badinter en julio de 1981, a los pocos días de tomar posesión como ministro de Justicia. Palabra de abogado comprometido desde siempre con los derechos humanos, pero también de quien había defendido, antes de entrar a formar parte del Gobierno, a los etarras Mikel Goicoechea y Martín Apaolaza en un juicio de extradición. Y a algunos más.
Un mes después de haber recordado ese principio, su homólogo español, Francisco Fernández Ordóñez, ministro de Justicia en el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, consiguió arrancarle un compromiso algo más firme: de ahora en adelante, Francia empezaría a perseguir los «delitos cometidos en su territorio». Mas nada de extradiciones sistemáticas de terroristas, a los que seguía considerando como réfugiés basques.
Esa era la mentalidad que seguía prevaleciendo en la élite política e intelectual de Francia, principalmente de izquierdas, cuando España ya era una democracia plena. Hubo que esperar a un fallo del Consejo de Estado, competente en materia administrativa, que dio impulso a las extradiciones y, sobre todo, a la presión política de los nuevos gobernantes socialistas de España, en sintonía ideológica con los franceses. A Badinter no le quedó más remedio que superar unos prejuicios de décadas y ver la realidad sin distorsionarla. Cumplió.
Como también cumplió el sueño de toda una vida el 17 de septiembre de 1981 cuando en la Asamblea Nacional declaró: «tengo el honor, en nombre del Gobierno de la República, de pedir la abolición de la pena de muerte», objetivo alcanzado en apenas dos semanas: hasta personalidades de la derecha, como Jacques Chirac, votaron a favor del proyecto de ley impulsado por Badinter. Este último, como abogado, no pudo evitar la ejecución de Roger Bontems, pero sí la de otros seis reos, en juicios a cada cual más mediatizado. El problema político, de cara a los comicios presidenciales de 1981, era la reticencia de numerosos socialistas a dar un paso por entonces muy impopular. Al final, Mitterrand dio la razón a Badinter.
Desde la Place Vendôme, sede del Ministerio de Justicia, Badinter también llevó a buen puerto la despenalización de la homosexualidad o la supresión de la Justicia militar y de jurisdicciones de excepción, como el Tribunal de Seguridad del Estado, y formó parte de los ministros que convencieron al presidente de la República, no sin dificultades. de la necesidad de cesar al titular de Defensa, Charles Hernu, en pleno escándalo del «Rainbow Warrior». Entretanto, la delincuencia se disparaba en Francia, haciendo del humanista Badinter uno de los ministros más detestados por la opinión pública: casi ningún candidato socialista en elecciones intermedias pedía su presencia en los mítines.
Mitterrand le buscó una puerta de salida nombrándole presidente del Consejo Constitucional en 1986, cargo que desempeñó con brillantez. Un acierto político, y también el favor hecho a un amigo íntimo: Badinter y su mujer, la filósofa feminista Élisabeth Badinter, milmillonaria en su condición de heredera de Publicis, primera central publicitaria de Europa, eran de los pocos que estaban al tanto de la existencia de una «segunda familia» en la vida del político socialista, conformada por su amante Anne Pingeot y la hija de ambos, Mazarine. Fue en el domicilio de los Badinter donde se redactó discretamente el acta de notarial mediante el cual el presidente reconocía la paternidad de la pequeña.
Sin embargo, la amistad estuvo a punto de resquebrajarse al aflorar otra amistad, la de Mitterrand con René Bousquet, jefe de la Policía de Vichy y autor de la peor redada antijudía de la Francia colaboracionista. En otra, con Lyon como escenario, Badinter, judío ashkenazi, asistió, siendo adolescente, al arresto de su padre al que nunca volvió a ver. Por eso se sintió traicionado por la estrecha y duradera relación entre Mitterrand y Bousquet. Mantuvieron una fuerte discusión cuyo contenido el abogado y ministro nunca quiso desvelar.
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