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16 de abril de 2024

Vyacheslav Lebedev

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Vyacheslav Lebedev (1943-2024)

Un presidente del Supremo muy dócil

Nunca se enfrentó a ningún poder, y menos al de Putin, en los 33 años que permaneció al frente de la máxima instancia judicial rusa

Vyacheslav Lebedev icono
Nació el 14 de agosto de 1943 en Moscú, donde falleció el 23 de febrero de 2024

Vyacheslav Mikhailovich Lebedev

Funcionario en 1969, juez desde 1970, presidió el Tribunal Supremo de la Unión Soviética, luego Federación Rusa, desde 1991 hasta su muerte.

Se puede, aunque no es la única vía, medir la docilidad de una persona para con el poder por el número de condecoraciones que le fueron concedidas: pues bien, Viacheslav Lebedev, presidente del Tribunal Supremo de Rusia, estaba en posesión de seis condecoraciones del sistema premial de la Federación Rusa –más un «Certificado Presidencial de Honor», a las que se añaden dos de Kazajstán, una de Chechenia, una de Ucrania –la Orden del Príncipe Yaroslav el Sabio la recibió en 2004, cuando las relaciones entre Kiev y Moscú atravesaban por su mejor momento–, y una de la Iglesia Ortodoxa.
En este ajuar falerístico llaman la atención las tres órdenes dinásticas –entre ellas, la Gran Cruz de Santa Ana–, así como una medalla conmemorativa –las que la Gran Duquesa María Romanovna, jefa de la Casa Imperial, quiso reconocer su labor para quitar al Zar Nicolás II y a los suyos el calificativo oficial de «Enemigos del Estado» con el que la Unión Soviética les designaba tras el triunfo de la Revolución de Octubre.
Así las cosas, la capacidad de Lebedev para moverse entre las aguas de poderes a veces completamente contradictorios entre sí estaba fuera de toda duda. De lo contrario, no hubiera permanecido 33 años al frente del Tribunal Supremo de Rusia bajo tres regímenes: la Unión Soviética, el periodo de Boris Yeltsin y la autocracia de Vladimir Putin.
Su peculiar trayectoria comenzó en 1960 como funcionario de la Dirección de Recursos Humanos de Construcción Industrial, donde permaneció un año antes de ser nombrado juez en Leningrado. En 1977 fue nombrado juez del distrito moscovita de Zeleznodorozy. Ya se quedó para siempre en la capital –allí nació y falleció–, escalando los peldaños de forma tan plana como imparable: vicepresidente del Tribunal de Moscú en 1984, presidente de la misma instancia dos años más tarde y presidente del Tribunal Supremo en 1991, durante los últimos meses de existencia de la Unión Soviética. Sus aportaciones intelectuales fueron plasmadas en dos libros, dedicados ambos al sistema judicial ruso.
En cuanto a su gestión, se puede resumir como una constante adaptación a las circunstancias, evitando cualquier enfrentamiento con el Ejecutivo, ya fuera a través de fallos o de la más sencilla declaración de principios.
Un conato de innovación se produjo el pasado 6 de febrero, cuando se reunió por última vez con Putin, e indicó que, a lo largó del último año, había centrado sus esfuerzos en digitalizar la actividad judicial, presentó un proyecto de ley encaminado a eliminar las restricciones previas al juicio para «mujeres con niños pequeños». Abordó otro proyecto relacionado con la humanización de la práctica y la legislación policiales. Unas hipotéticas mejoras, si es que algún día llegan a entrar en vigor, que hubiera agradecido Alexy Navalny. Ya es demasiado tarde.
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