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Sergio Barragán Arévalo

Sergio Barragán Arévalo (1958-2026)

El arquitecto que preservó el patrimonio de Gijón

Suyas son las restauraciones de la Universidad Laboral y del Teatro Jovellanos

Sergio Barragán Arévalo

Nació en Zaragoza el 16 de agosto de 1958 y falleció en Gijón el 7 de mayo de 2026

Formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, en 1991 llegó a Gijón procedente de la capital de España. En la ciudad asturiana pasó el resto de sus días. Allí destacó por diversas obras de restauración, antes de abrir una vinatería.

Sergio Barragán Arévalo dejó huella en la fisionomía del Gijón contemporáneo a través de dos restauraciones de gran magnitud. La primera de fue la de la Universidad Laboral y sus 130.000 metros cuadrados de superficie. En compañía de Antonio E. Cuartas, Barragán Arévalo coordinó las obras que desembocaron en los nuevos usos, de muy diversa naturaleza, de lo que antaño fue un señero centro de formación profesional. Sigue albergando instituciones docentes –la Facultad de Comercio, Turismo y Ciencias Sociales Jovellanos, la Escuela Superior de Arte Dramático de Asturias o el Centro Integrado de Formación Profesional de los Sectores Industrial y de Servicios–, siendo igualmente la sede de entidades como la Radiotelevisión del Principado de Asturias y de un centenar de viviendas de tamaño reducido destinadas a jóvenes menores de 35 años.

Muy distinta fue la restauración del Teatro Jovellanos, edificio de profundo significado simbólico en Gijón. Según la web Vivir Asturias, «se llevó a cabo con el fin de mejorar sus condiciones estéticas, funcionales y de seguridad, adaptándolo a la normativa vigente y usando, a su vez, criterios de eficiencia energética». Para cumplir este objetivo, Barragán Arévalo supervisó «la renovación de acabados, carpinterías y butacas». En lo tocante a la estructura metálica, esta se reforzó con 25.000 kilos de acero, «para soportar una moderna maquinaria escénica integrada por 12 varas motorizadas y 12 motores con carga máxima de 750 kilos».

Dos importantes y duraderas realizaciones, sin olvidar otras que también figuran en el historial de Barragán Arévalo, que no fueron óbice para que el arquitecto tuviera que cesar su actividad en 2011, víctima que fue de la crisis económica. Se reconvirtió entonces abriendo una vinatería, de nombre El Obenque. Los altos costes de contratación de camareros para un negocio pequeño terminaron por obligarle a atender él mismo a los clientes, según él mismo confesó en las páginas de El Comercio.

Una pena que su trayectoria tuviera ese final, pues de talento no carecía Barragán Arévalo, que también expuso su obra pictórica en repetidas ocasiones. Baste decir que, sin haber cumplido los 7 años, obtuvo un Diploma de Honor en el X Concurso Infantil Dibujo Y Pintura «Al Aire Libre», organizado por el Ayuntamiento de Madrid.