Bartolomé Gil Santacruz
Bartolomé Gil Santacruz (1935-2026)
De albañil a mecenas
Dedicó parte de la fortuna amasada en el sector de la construcción a apoyar la cultura extremeña
Bartolomé Gil Santacruz
Nació en Santa Marta de los Barros en 1935 y falleció el 15 de mayo de 2026
Llegó a Madrid en los 50 con 7 pesetas en el bolsillo para trabajar como albañil y terminó como uno de los principales mecenas de la cultura extremeña.
La atracción más visible de Santa Marta de los Barros, provincia de Badajoz, es un vagón de tranvía, de color amarillo. Nunca fue utilizado, pero está ahí para cubrir un vacío plasmado en una canción relacionada con la localidad colombiana homónima. «Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía».
En el caso del municipio, se trata de un regalo que le hizo en 1976 el mecenas local, Bartolomé Gil Santacruz. Era una forma de hacer partícipe de su éxito empresarial a su localidad natal, a sus habitantes y a sus turistas. No era para menos: como recuerda el diario Hoy, Gil Santacruz llegó a Madrid en la década de los 50, con 7 pesetas en el bolsillo, teniendo incluso que pasar algunas noches en alguna estación del Metro.
Pero no se desanimó y, a base de tesón, quien inició su andadura profesional como albañil terminó amasando una fortuna en el sector de la construcción, que diversificó invirtiendo en otros mercados, como el del agua mineral a través de la embotelladora Los Riscos. Pero, sobre todo, hizo uso de sus medios para el mecenazgo cultural. El ejemplo más señero fue el apoyo que prestó, financiando sus excavaciones, al yacimiento arqueológico de Cancho Ruano, ubicado en el término municipal de Zalamea de la Serena.
Tampoco se olvidó del ámbito literario: financió igualmente los cuadernos poéticos Kylix, dirigidos por el escritor onubense afincado en Badajoz, Juan María Robles Fabré, y promovió El Periódico Extremeño. A título personal, presidió Orellana Publicaciones y, en la vertiente asociativa, el Hogar Extremeño de Madrid.
La generosidad de Gil Santacruz también se hizo extensiva al universo caritativo, donando importantes cantidades a instituciones infantiles en Perú, Bolivia y República Dominicana. Una fecunda trayectoria vital, reflejada en su libro de memorias El hambre y la fe. El camino de una vida, publicado en 2007 y escrito por José Luis Blanco Fernández.