Fundado en 1910

El Cardenal Ruini

Cardenal Camillo Ruini (1931-2026)

El purpurado que entendió la batalla cultural y la ganó

Supo adaptarse a los nuevos tiempos políticos y religiosos para mantener la influencia de la Iglesia en la sociedad italiana

Nació en Sassuoloel 19 de febrero de 1931
Falleció en Roma16 de junio de 2026

Camillo Ruini

Cardenal

Formado en la Pontificia Universidad Gregoriana, de obispo auxiliar de Reggio-Emilia pasó a Vicario General de la Diócesis de Roma y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, cargos que desempeñó entre 1991 y 2008.

Corría el mes de junio de 2005 y San Juan Pablo II había fallecido apenas dos meses antes cuando los italianos, a través de un referéndum, dieron al Papa polaco una alegría póstuma al negarse a legalizar la reproducción asistida.

Bien es cierto que el rechazo se debió principalmente a la falta de quorum. Mas es un hecho incuestionable que se trató de la última victoria «conservadora», por llamarla de alguna forma, en un país democrático occidental cuando la tendencia en el resto de Occidente era, y sigue siendo, la contraria: un tsunami relativista que lleva dos décadas arrasando no solo con la reproducción asistida sino también, y sobre todo, con despenalizaciones y ampliaciones del «derecho» al aborto o legalizaciones del «matrimonio» homosexual o de la eutanasia.

El gran vencedor de la consulta de 2005 no fueron el entonces primer ministro Silvio Berlusconi -a quien la Corte Constitucional obligó a celebrar el referéndum- ni el resto de fuerzas conservadoras, sino el cardenal Camillo Ruini, a la sazón presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) y Vicario General de la Diócesis de Roma. Desempeñaba ambos cargos desde 1991, para los que fue nombrado por San Juan Pablo II.

Por lo tanto, Ruini desarrolló durante 14 años una inmensa labor de zapa que resultó ser exitosa porque supo interpretar la nueva relación de fuerzas del escenario político italiano tras la Operación Manos Limpias que se llevó por delante al sistema de 1948: la Iglesia ya no podía confiar a pies juntillas en una Democracia Cristiana que había pasado a mejor vida.

Sin embargo, también comprendió que, ante la deriva nihilista del centro izquierda -salvo excepciones como la de la senadora Paola Binetti y alguna que otra figura- había que entenderse con el centro derecha, es decir, con Berlusconi y sus aliados.

Pero al estilo italiano, con sutileza: nada de grandes proclamas públicas: mejor invitar a políticos, empresarios y periodistas a discretas cenas en su palacio episcopal pegado San Juan de Letrán -la catedral de Roma- para convencerles de que su batalla no era, además de política, cultural.

En paralelo, ordenó al resto de prebostes de la CEI que hicieran lo propio en sus respectivas diócesis, al tiempo que dejaba la labor de movilizar a las masas a los movimientos seglares y a otros creadores de opinión.

El método funcionó: hoy en día, sin ir más lejos, Italia no tiene «matrimonio» homosexual, solo uniones civiles. Y a ningún Gobierno se le ha ocurrido intentar legalizar la reproducción asistida.

Preguntado acerca de si se podía confiar en Berlusconi, Ruini contestaba en modo pragmático: «no podíamos esperar la fortuna de tener a Berlusconi sin sus defectos. Y luego nosotros, los católicos, estábamos entusiasmados con John Kennedy, el primer católico en convertirse en presidente, ¡y él también era un sinvergüenza!».

Así las cosas, no es de extrañar que esta sutileza política y genialidad al manejar las influencias hiciese que el vaticanista Sandro Magister dijese de Ruini que «estaba más cerca de Wojtyla que Richelieu del Rey Sol». Cierto: el purpurado tuvo alguna que otra leve diferencia con Benedicto XVI y no compartía muchas de las iniciativas de Francisco. Mas evitaba formular críticas en público. Primero porque no era su estilo y, después, porque hubiera supuesto poner en riesgo su mayor éxito: extender la influencia de la Iglesia italiana más allá de un partido político o de un sector determinado de la sociedad.

Baste decir que hasta fechas recientes seguía recibiendo a personalidades en su domicilio de Viale Vaticano 62, en territorio italiano, pero al lado de la sede universal de la Iglesia católica. ¿Dónde si no?