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Fernando Andrada-Vanderwilde

Fernando Andrada-Vanderwilde (1937-2026)

Salvador del lince y el águila imperial

Hablábamos de esa forma de conservar la propiedad. Tras tantas generaciones. Adaptándose a los tiempos cambiantes. Por tu inmenso carisma, tú, y solo tú, lograste iluminar la oscuridad de los tiempos actuales, ganándole la partida a la sinrazón de los que tienen el poder

Nació el 29 Junio de 1937 en Lecumberri, Navarra y falleció el 2 de octubre de 2026 en El Puerto de Santa María

Fernando Andrada-Vanderwilde y Contreras

Amante de la naturaleza

De raíces navarras, su familia era de ideas carlistas como se demuestra por el hecho de que el pretendiente carlista, fue su padrino de bautismo. Creó en 2002 la Asociación del Águila Imperial Ibérica que fue ampliando para incluir también el lince ibérico y los espacios naturales privados.

Querido Fernando, querido incauto, cuando me llamabas y te reías con mis artículos, fuiste de los que más me animaste a escribir. Llegábamos a tu paraíso de Sierra Morena, y remirábamos álbumes mientras charlábamos de recuerdos y tiempos pasados. Veíamos los venados de hoy, y las fotos antiguas de aquellos récords. Pero sobre todo hablábamos del monte. Del monte mediterráneo. Me enseñabas tus árboles, que a los dos nos apasionan. Los comederos. Las rozas. Las siembras.

Hablábamos de esa forma de conservar la propiedad. Tras tantas generaciones. Adaptándose a los tiempos cambiantes. Por tu inmenso carisma, tú, y solo tú, lograste iluminar la oscuridad de los tiempos actuales, ganándole la partida a la sinrazón de los que tienen el poder y la cerrazón de los que sufren sus leyes. A todos convenciste creando la Asociación de Amigos del Águila Imperial donde luego acogiste también al lince ibérico. Lograste acaudillar más de 600.000 has, y lo puedo decir más alto, pero no más claro, tú, y solo tú, fuiste quien salvó a ambas especies de la extinción. Las generaciones venideras tendrán una deuda perpetua contigo.

Y yo el eterno recuerdo de un ejemplo de caballeros, de los que sabían mandar sin levantar la voz. Naciste en Navarra, en plena Guerra Civil, apadrinado por el pretendiente carlista, lo que siempre imprime carácter. Aunque reinaste en aquel mítico Jerez, que sigue alumbrando personajes legendarios a lo largo de los tiempos.

Casado con la adorable y siempre ocurrente Adela Sanz Briz, la hija del héroe que salvó más de 5.000 judíos de una muerte segura en aquellos tiempos asesinos. Adela, para la que siempre pedías a los mariachis en las bodas La Adelita. Juntos cumplisteis con el mandato bíblico: supisteis crear una gran familia ejemplar, con tus adorables hijas, de quienes todos estamos siempre un poco enamorados, y Fernando, que sigue fielmente tus pasos.

Aunque eras más próximo a la generación de mis padres, de quienes también lo fuiste, puedo enorgullecerme de ser un gran amigo tuyo y hoy un desolado y siempre eterno admirador. Tanto aprendí de ti… Desde andar por la vida, hasta los zapatos. Hoy, con los pies trasteados, los que me aconsejaste no me los quito de encima.

Tras tantos meses de sequía, han caído fuertes lluvias. Hay veces que hasta los cielos lloran la marcha de un gran hombre. Espero que hasta que nos veamos, Dios te mantenga en la palma de su mano. Y mientras, en espera de poder completar tantas charlas que nos faltan, como españoles a toda vena, algo Quijotes somos. Por tal, solo alcanzo entre lágrimas a dedicarte cual mereces la despedida de Cervantes:

«En fin, hizo su camino;
pero su fama no es muerta,
ni sus obras, prenda cierta
de que pudo a la partida,
desde ésta a la eterna vida,
ir la cara descubierta.»