13 de agosto de 2022

Pecados capitalesMayte Alcaraz

El chonipopulismo

Hasta el mismísimo presidente Sánchez llamó a la hija de Rocío Jurado, mientras no se acordó de la familia de Marta Calvo

Los periodistas andamos muy despistados. Nos creemos que la carne solo se asa en el Parlamento, en La Moncloa, en Galapagar o en Génova. Pues no. El populismo en el que chapotea nuestro país tiene una dimensión más folclórica, menos campanuda si quieren, pero de audiencias masivas y tan o más peligrosa que la que nos sirven los telediarios.
Hemos sabido que la Fiscalía de Valencia investiga a siete funcionarios por mirar un expediente del sistema de vigilancia de víctimas de violencia machista para consultar el archivo de una mujer. Hasta aquí todos podríamos colegir que se trata de una mala praxis de funcionarios públicos, poco celosos de un trabajo tan delicado, que combate una lacra con cifras inadmisibles en nuestro país. Sí, eso también, pero la madre del cordero está en el nombre de la persona cuyo dossier protegido fue revisado con el único fin de curiosear: Rocío Carrasco.
Les creo en el conocimiento de que la simpar Rociíto vive en continua batalla mediática y judicial con su ex, Antonio David Flores, y que en esta guerra de los Rose a la chipionera, mojan pan los exesposos, las teles que se llenan la faldriquera y en un país donde se han borrado todas las líneas de la decencia, la dignidad y el respeto, también ellas, las guardianas del feminismo trans o como se llame. En la docuserie que la hija de Rocío Jurado ha protagonizado en Telecinco, que ha sido premiada ¡albricias! por el Gobierno, nuestras togadas de cabecera, Irene Montero y Adriana Lastra, apoyadas por el letrado Errejón, sentenciaron que el guardia civil descarriado era culpable. Vamos, que le llamaron maltratador. Lo que no habían hecho en veinte años los tribunales por los que pasó el caso, ni consolidaron las pruebas que se aportaron, ellos lo dictaminaron así, sin formación, sin carrera y sin pudor.
Desde despachos ministeriales otrora respetables, nuestros gobernantes conectaron con Jorge Javier y pim pam pum: exposición motivada, hechos probados, fallo y sentencia, todo entre los cables de Conchita y los exabruptos de Kiko Rivera. Hasta el mismísimo presidente Sánchez llamó a la hija de la cantante, mientras no se acordó de la familia de Marta Calvo, una pobre chica desaparecida hace dos años, cuya madre denunció en el Congreso el agravio comparativo. Pero Marta Calvo no da réditos políticos.
Lo que tiene esta sociedad de monipodio que dirigen los tardoadolesentes de Podemos es que su atropello de los derechos fundamentales y su aniquilamiento del principio de presunción de inocencia unida a la ignorancia revisten de legitimidad hasta a un tipo tan poco recomendable como el exmarido de Rociíto. Los de Podemos y la nueva nomenclatura en España han conseguido que el sentido común aplique atenuantes a gente que hasta ahora me producía alipori y sobre los que no encontraba ni una sola razón para la empatía. Y no solo yo, hasta la Comisión Europea ha admitido a trámite una denuncia contra la ministra por vulnerar los derechos del marido peleado.
Y si una ministra del Gobierno de España ejerce la justicia alternativa sin posibilidad de que el afectado pueda hacer valer sus derechos, por qué siete funcionarios no van a fisgar en un expediente sobre el que Montero se saltó las elementales reglas del estado de Derecho. Un delito de calumnias por aquí, otro de descubrimiento de secretos por allá. Un rato de demagogia en la tele por aquí, un solaz momento para el cotilleo por allá. Esta es la España que nos está quedando en el arranque del nuevo año. 
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