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23 de junio de 2024

GaleanaEdurne Uriarte

Por qué gana Trump

Trump representa la protesta de los republicanos a esa fábrica de fake news y radicalismo en que se ha convertido el progresismo americano

Actualizada 01:30

Yo habría votado por Nikki Haley, de haber tenido derecho a voto en las primarias republicanas, y habría sido arrasada, claro está, por los partidarios de Trump, que han ganado por una goleada escandalosa. ¿Por qué? No porque Nikki Haley fuera una opción perdedora para los Republicanos. De hecho, las encuestas también la daban como ganadora frente a Biden, si bien es cierto que por un margen más estrecho que Trump. Hay otros factores, de los cuales uno me parece relevante y muy significativo. Y es la reacción de protesta de los votantes republicanos a esa fábrica de fake news y radicalismo en que se ha convertido el progresismo americano y que ha puesto a Trump en el centro de su diana. Cuanto más mienten sobre él, más le votan.

El último ejemplo de la fábrica de fake news es de esta misma semana, con varios medios supuestamente serios de Estados Unidos «informando» de que Trump ha augurado un «baño de sangre» si no gana las elecciones. Por supuesto, la prensa progresista española ha aireado la fake news con total descaro. Y no porque desconozcan el inglés, sino porque cuentan una mentira a sabiendas, porque todo vale con tal de seguir con el falso relato de una peligrosa ultraderecha mundial liderada por Trump. Y el todo vale es exactamente igual con Biden y su partido, a los que se supone conocimiento de su propio idioma. Porque «baño de sangre», bloodbath, en el inglés americano también significa recesión o grandes pérdidas, que es de lo que estaba hablando Trump en un mitin en Ohio, en referencia a las amenazas a la industria automovilística. Lo sabían los medios españoles y los americanos, lo sabía el presidente Biden, y han mentido descaradamente.

Pero esto viene de lejos. Hay una inquietante historia de fake news sobre Trump en la que han participado la inmensa mayoría de medios de comunicación del progresismo. RealClearPolitics publicó a fines de febrero un artículo sobre la investigación de Sharyl Attkisson en torno a las fake news sobre Trump, una investigación que pone en cuestión la ética de numerosos medios, americanos y de otros países. Desde The New York Times, Time, la CNN, hasta la BBC, The Guardian o France Presse. Dos ejemplos de una lista terrible e interminable: la agencia France Presse «informó» de que Trump tenía en centros de detención a 100.000 niños inmigrantes ilegales, pero resulta que la cifra correspondía a los detenidos por Obama en 2015; The New York Times y la CNN contaron que Trump había llamado «animales» a los inmigrantes ilegales, pero la verdad era que se lo había llamado a los integrantes de la banda criminal Ms-13.

Trump representa para muchos votantes la protesta contra una izquierda americana que no solo lidera la cultura de la cancelación y la persecución de la libertad en las universidades y los espacios culturales, sino que ha dinamitado todos los estándares éticos del periodismo. De forma muy parecida a lo que ocurre en Europa. En España, la prensa progresista da consejos sobre la necesidad de combatir las fake news mientras reproduce noticias falsas sobre Trump y tantos otros o contribuye con entusiasmo a sostener la inagotable lista de mentiras del sanchismo. La última, esa gigantesca fake news de la amnistía para la reconciliación. La izquierda sigue siendo mayoritaria en el periodismo y en la creación cultural, pero su autoridad moral se está desmoronando a marchas forzadas.

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