Gobierno injusto
Un Gobierno injusto acabará perdiendo las elecciones. El peligro es que antes de que lleguemos a esa situación haya acometido tales reformas que una España justa, guiada por el derecho y la libertad de los ciudadanos, sea imposible
El Ejecutivo que preside Pedro Sánchez puede ser calificado como injusto, al menos por cinco motivos: no persigue el bien común, limita las libertades de los ciudadanos, es fruto de la ambición, ha roto la concordia nacional y no puede decirse que la corrupción le sea ajena. No persigue el bien común sino el interés de sus aliados para mantenerse en el poder, es decir, de la izquierda radical y de los separatistas. Limita las libertades de los ciudadanos y atenta contra los principios del Estado de derecho, especialmente en relación a la independencia del Poder judicial. La ambición del presidente le lleva a asumir como bueno cualquier medio que satisfaga sus intereses. Ha roto la concordia de los españoles que ni siquiera acoge ya a los principios fundamentales del Estado e intenta alejar de la vida pública a, al menos, la mitad de los españoles. La corrupción anega al Gobierno y a su presidente. La situación política española es insoportable. Es probable que no dure mucho, pues el Ejecutivo ha cometidos los dos errores que más castigan los electores: la división interna y la corrupción. A eso se añaden los graves errores en la gestión, incluida la economía de la que tanto presumen. La deuda pública anula todos los índices que puedan exhibir y que tampoco son gran cosa. La ruina del Gobierno no es solo moral; también es económica.
Ante esta situación, la oposición del PP acierta al convocar una manifestación contra el Gobierno, a la que debería sumarse Vox, si no quiere caminar hacia la extinción o la irrelevancia. Hay reservas y dudas sobre la conveniencia de presentar una moción de censura. Existen dos motivos que justificarían su presentación. O bien para ganarla o bien para aumentar la brecha electoral entre Gobierno y oposición. Si no se da ninguna de las dos circunstancias, lo mejor es paciencia, resistencia y aguardar a las urnas. Ganarla parece imposible porque sus apoyos no pueden vivir en una situación política mejor. ¿Podrían Yolanda Díaz y otros ser ministros solo con el apoyo de sus votantes? Solo alguien dotado de los escrúpulos de Sánchez podría hacerlos ministros. ¿Podrían arrancar los separatistas de alguien más ventajas que de la ambición del presidente del Gobierno? Un Ejecutivo que satisface a los separatistas no puede ser bueno para España. Tal vez alguno de ellos como el PNV o Junts acaso temieran el coste de votar en contra de la censura, pero es casi imposible que lo hagan. La segunda justificación sería la seguridad de dar semejante varapalo el Gobierno en la tramitación que quedara triturado para las próximas elecciones. Felipe González demostró que hay mociones de censura que se ganan, aunque se pierdan. Pero no parece que sea este el caso actual. En cualquier caso, los riesgos igualan o superan a las posibilidades de éxito. No parece prudente presentarla. El Gobierno es la mejor oposición a sí mismo. Es sabido lo que dijo Napoleón: cuando el enemigo se equivoca, no hay que distraerlo. Nadie se precipita tanto como un ambicioso.
Un Gobierno injusto acabará perdiendo las elecciones. El peligro es que antes de que lleguemos a esa situación haya acometido tales reformas que una España justa, guiada por el derecho y la libertad de los ciudadanos, sea imposible. Este es, sin duda, el grave riesgo de la espera a las próximas elecciones libres: que no las haya verdaderamente.
Como dijo don Quijote la libertad es algo por lo que los hombres deben arriesgar sus vidas. Al final de sus años, Cicerón dio un magnífico ejemplo, al regresar a la vida pública para oponerse a Marco Antonio que se dirigía con decisión a instaurar una sangrienta tiranía. Y sentenció antes de entregar su vida: «mejor morir con honor que vivir con ignominia». Todavía no hemos llegado a esto, pero es prudente considerar que nunca hay que dar poder a quien tanto desea ejercerlo.