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HorizonteRamón Pérez-Maura

«Arma de distracción masiva»

Ese 99 por ciento de agresores sexuales del ámbito civil se mueven, como recuerda don Jesús Sanz Montes, en la esfera familiar, en la enseñanza, en el deporte, en centros de acogida de menores… y en otras organizaciones centradas en actividades para los jóvenes, añado yo

Creo firmemente que cualquier abuso sexual es intolerable. Que los abusos sexuales con menores, además de ser intolerables, son atroces. Y que si esos abusos los perpetra un sacerdote o un religioso, además de intolerables y atroces, son actos doblemente criminales por el grado de confianza que se deposita en las personas de esa condición.

Por todo ello me ha interesado especialmente el artículo publicado en la Tercera de ABC el pasado lunes por don Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo. Es un texto muy valiente en el que denuncia el crimen horrible que es la pederastia cometida por sacerdotes y religiosos, pero recuerda, dentro de la lacra que es la pedofilia, el bajísimo porcentaje de casos atribuidos a sacerdotes y religiosos dentro del conjunto de las denuncias que hay: Un 0,2 por ciento del total. Perseguir esos casos –y se debe hacer– y prácticamente ignorar el 99,8 por ciento restante equivale a emplear un «arma de distracción masiva» en palabras de monseñor Sanz, que yo suscribo sin dudarlo.

Ese 99 por ciento de agresores sexuales del ámbito civil se mueven, como recuerda don Jesús Sanz Montes, en la esfera familiar, en la enseñanza, en el deporte, en centros de acogida de menores… y en otras organizaciones centradas en actividades para los jóvenes, añado yo.

El arzobispo de Oviedo no puede decirlo con más claridad: «la pedofilia es un crimen inmenso, máxime cuando es perpetrado por quien más debería dar ejemplo de referencia moral ante los más inocentes e indefensos, como son los niños. Por eso Jesús dijo que más le valdría atarse una piedra de molino al cuello y tirarse al mar quien hiciera daño a los pequeños (Lc 17,2). Sí, la pedofilia es un crimen, un delito y un pecado de toda la sociedad cuando ha perdido su horizonte moral, cayendo en la frivolización ética, cuando ningunea la verdad haciendo de la mentira un método de gobernanza, cuando trivializa lo más sagrado, como es la vida en todos sus tramos, y la familia se dilapida en cualquier tipo de unión, cuando se traicionan las virtudes morales de la justicia, la paz y la convivencia.» Pero esa canallada ocurre, desgraciadamente, en todos los ámbitos de la sociedad. Es por ello que don Jesús hacía una petición muy elemental en su artículo: «Al igual que exigen a la Iglesia que subsidiariamente repare los daños, incluso cuando el presunto victimario ha fallecido o ha prescrito su delito de abuso, también las administraciones públicas afectadas (ministerios de Familia, Deporte, Educación, etcétera) indemnicen a quienes han sufrido estos terribles desmanes en los escenarios civiles antes indicados y no pueden recibir ningún tipo de ayuda psicológica, económica y ética. Eso que piden a la Iglesia, y que la misma Iglesia se adelantó a ofrecerlo por compromiso moral, aunque no tuviera una obligación legal ni penal, que también estos gobernantes hagan lo mismo en sus ámbitos de competencia.»

Como era de esperar, esta petición tan llena de sentido común del arzobispo de Oviedo ha provocado una tremolina que va a durar. Ayer nos informaba El País que hay cuatro asociaciones de víctimas de pederastia que habrían pedido al Papa el cese de monseñor Sanz como arzobispo de Oviedo por criticar ese acuerdo de la Iglesia con el Gobierno. Las asociaciones también «han pedido a la orden franciscana su 'condena pública' y que tomen 'las medidas pertinentes para sancionarle de modo eficaz y adecuado'».

El objetivo de este Gobierno siempre es dinamitar los valores de nuestra sociedad. Yo espero que el acuerdo al que han llegado los religiosos y la Conferencia Episcopal Española con la Administración no se convierta en el «arma de distracción masiva» que con toda razón denuncia el arzobispo de Oviedo y sirva para que el 99 por ciento de los pederastas que, hoy por hoy, se van de rositas, acaben pagando por lo que han hecho.

Y ya, si eso, mañana hablamos de lo de Julio Iglesias.