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DivisaderoAntonio Pérez Henares

¿Hace cuánto tenía que haber dimitido Óscar Puente?

Quizás por ello y sabiéndolo desde un principio es por lo que Óscar Puente no solo cambió su actitud, tan conocida y exhibida, por otra de inusual mansedad. Que encierra la trampa e incurre en la obscenidad

Mejor dicho ¿Cómo ha podido ser un personaje así ministro de Transportes? ¿ Y cómo lo pudo ser su ahora enchironado antecesor José Luis Ábalos?

Pues es muy sencillo y simple de explicar: Porque los puso Sánchez ahí por ser sus crianzones más adictos y entregados a él.

Para nada sabían ni tenían que saber de lo que se traían, y se ponía, en sus manos. Ni el amo lo solicitaba ni ellos tenían el menor interés, aunque ello fuera algo vital y trascendental para España y los españoles, en aprender.

Su cometido y labor eran muy otras. Lo fueron con el uno y con este de ahora también. A Puente se le hizo ministro por las coces que le soltaba y siguió soltando ante ayer a la oposición. Es el mejor mulo cocero de la reata sanchista. Sin discusión.

A eso se ha dedicado en alma y cuerpo. El mismo domingo de la tragedia en ello estaba. Disparando con el tuit, su arma y ocupación esencial, contra Ayuso y Almeida, siempre a las órdenes de su señor.

En ello, en el señalamiento, la condena y el insulto contra la oposición, su dedicación ha sido total y su tajo más querido el aprovechamiento de toda desgracia o catástrofe que pudiera cargarle a los «otros». Y si era con muertos, mejor. Eso ha sido así y no se puede ni olvidar ni ahora estar obligados a callar.

Su desempeño en el ministerio, amen de proclamar de continuo que «el tren vive su mejor momento de la historia», bajo su mandato, claro, ha supuesto en la realidad, desde su incorporación tras perder la alcaldía de Valladolid, una senda de despropósitos, de caos encadenados, de incidentes continuos, de colapsos en las estaciones, de parones en medio de los campos, de los trenes, de viajeros desesperados, de deterioro en suma de todos y cada uno de los aspectos del servicio y del propio servicio en sí. Y del estado global del conjunto de las instalaciones, también. Y cual fue su respuesta en su modo «sietemachos». Que iba a aumentar la velocidad a los 350 km por hora. Lo dijo en Barcelona. Ayer la tuvo que bajar a 160.

Con un añadido, que en el régimen sanchista nunca puede faltar de la parva clientelar y de amigos «colocados» personalmente por él en la cúpula ministerial y cargos relevantes de Renfe o Adif. Ejemplo señero es Álvaro Fernández Heredia, presidente de la primera, gestor de las bicis con Carmena en Madrid, es de lo que sabe, acogido por Puente en la capital castellana tras quedarse en paro y que quiso llegar al estrellato mediático acusando al actual alcalde de Madrid de ser el culpable de la muerte de ¡un pato! Ese es el nivel...

La tragedia de Adamuz se llevaba viendo venir desde hace muchos meses. Por parte de los propios trabajadores, los maquinistas en especial, que han sido los primeros en explotar y convocado huelga y de los usuarios también. El que un día iba a pasar algo muy gordo y terrible era el barrunto popular sobre todo tras cada uno de los cientos de incidentes, algunos que abrían los telediarios. En muchas empresas este es un baremo y un protocolo. Cuando de manera continua se producen y se suman los primeros la estadística dice que el paso al accidente grave será la continuación. Así ha sido ahora y en este caso a la catástrofe más letal. Ratificado el asunto por otros dos descarrilamientos más, en este caso en Cataluña, que añadieron un muerto más a los 43 que van ya.

Lo asombroso ahora es que, y encima ellos, nos digan cómo tenemos que actuar, qué tenemos que decir y sobre todo que nuestra obligación es callar. El duelo, el que jamás han respetado en los demás, es la excusa y el saco terrero bajo el que se quieren proteger. Y no. El duelo y el respeto por las víctimas han estado y estará ahí como ejemplo en contrario de sus más contumaces y en muchas ocasiones miserables maneras de actuar en situaciones similares. Pero nada de silenciar, ni de ocultar la responsabilidad y la obligación de investigar, dictaminar y juzgar lo sucedido. Y por supuesto la responsabilidad y a los responsables políticos. Faltaría más. Y por quienes deben hacerlo y no por quienes los involucrados designen. Que es lo que ya parece que quieren hacer.

Las pruebas y las causas físicas de lo sucedido las tendrán que aportar los investigadores policiales y las responsabilidades de quienes corresponda, un juez. A lo que sabemos ya hoy parece muy comprobado, y cada vez más difícil de ocultar, es que en la vías está el origen del descarrilamiento primero. Era lo que desde el inicio y a lo que de manera evidente apuntaba todo.

Quizás por ello y sabiéndolo desde un principio es por lo que Óscar Puente no solo cambió su actitud, tan conocida y exhibida, por otra de inusual mansedad. Que encierra la trampa e incurre en la obscenidad. La reacción gubernamental, de los asociados apandadores y de los comunicólogos del régimen sanchista ha sido exigirnos silencio y despolitización y a ello el ministro ha unido el situarse en papel de juez con los demás y en esta ocasión ha decidido indultar y hasta elogiar a sus enemigos, Juanma Moreno y Feijóo. Como si él tuviera el papel de juez. Y saben porque lo hace, porque tiene mucho miedo, porque sabe, que políticamente y hasta judicialmente, el juzgado ha de ser él.

Hace mucho que debería haber dimitido, pero es verbo que no sabe conjugar. Se resistirá como un mulo a hacerlo y Sánchez no lo cesará. Porque sería como cesarse a sí mismo.