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HorizonteRamón Pérez-Maura

Mi propuesta para la Memoria Democrática

En lugar de regalar el palacio al Rey de España, se le regaló a don Alfonso de Borbón y Austria. Y con esa iniciativa del republicano, el regalo fue por unanimidad de la corporación y cuando llegó la II República, La Magdalena siguió siendo propiedad del Rey en el exilio. Gran servicio del republicano

Como este Gobierno que padecemos dedica cada día más tiempo a hacernos padecer su incompetencia y sectarismo, ahora se les ha ocurrido poner en marcha el proceso para declarar 'Lugar de Memoria Democrática' al Palacio de La Magdalena en Santander, construido hace más de un siglo para los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Con un par y la bandera de Tafalla.

Supongo que estas ignominias a todos nos afectan un poco más cuanto más cerca nos tocan. Y no porque la casa de mis padres en la que pasé mi infancia y adolescencia apenas diste 200 metros de la verja de la península de La Magdalena. Es que uno tiene querencia a defender aquello con lo que su familia tiene alguna relación directa desde hace más de cien años.

El palacio, como todo lo que hay en la península de La Magdalena, es hoy propiedad del Ayuntamiento de Santander, que se opone radicalmente a la iniciativa del Ministerio. La justificación para este disparate es el supuesto uso del palacio como «campo de concentración» entre noviembre de 1937 y agosto de 1939. Para empezar, lo que se empleó como prisión fueron las caballerizas del palacio. Como sucedió en Santander con el Seminario de Corbán, la Plaza de Toros o el Hipódromo de Bella Vista, entre otros. Pero esos no interesan como 'Lugar de Memoria Histórica'. Interesa el palacio, aunque dista unos 500 metros por la carretera que une las Caballerizas Reales que sí fueron prisión. Pero claro, si este despropósito se aplica solamente a las antiguas caballerizas, queda muy deslucido. Hoy hay ahí un salón de actos, el Paraninfo de La Magdalena, la residencia estival del Rector de la UIMP y una cafetería, entre otras cosas. Y para que no digan que no lo cuento todo, por generosidad del Ayuntamiento de Santander, ahí tiene su sede, desde hace décadas, Plaza Porticada, una asociación cultural que preside mi madre.

Ya en noviembre pasado la corporación que encabeza la popular Gema Igual, presentó las alegaciones que como propietario del palacio le correspondía hacer. Sin dar respuesta al Ayuntamiento de Santander, el Gobierno de la nación ha abierto ahora un período de información pública por un plazo de 20 días para que la ciudadanía pueda acceder al expediente y alegar «lo que estimen conveniente».

Más allá del disparate de considerar al Palacio de La Magdalena un campo de concentración –ya quisieran muchos prisioneros políticos o comunes de la época haber tenido cárceles como las Caballerizas Reales de La Magdalena– creo que no está de menos recordar cómo surgió ese lugar. Esa península de la Magdalena era un terreno afecto al Ministerio de Marina y en 1908 el Gobierno de don Antonio Maura lo desafectó para que pudiera ponerse en marcha la construcción del Palacio de La Magdalena para los Reyes de España. El edificio se construyó por iniciativa del Ayuntamiento, pero por suscripción popular. Mi bisabuelo Ramiro Pérez Eizaguirre, que fue presidente de la Diputación Provincial de Santander, propuso a la corporación municipal la forma de apaciguar las veleidades del único concejal republicano de la corporación que se negaba a dar su apoyo a esta iniciativa de regalar al Rey el nuevo palacio. El concejal republicano hizo suya la iniciativa de don Ramiro: en lugar de regalar el palacio al Rey de España, se le regaló a don Alfonso de Borbón y Austria. Y con esa iniciativa del republicano, el regalo fue por unanimidad de la corporación y cuando llegó la II República, La Magdalena siguió siendo propiedad del Rey en el exilio. Gran servicio del republicano.

El coste de la obra fueron 700.000 pesetas de la época. Una gran fortuna. La cuestación popular para sufragar la construcción del Palacio de La Magdalena y las Caballerizas Reales cubrió la totalidad de los costes. La Wikipedia nos informa que la Sociedad El Sardinero donó 100.000 pesetas y que la familia Botín contribuyó con 1.000 pesetas. La web palaciomagdalena.com nos dice que «habría de ser el indiano Ramón Pelayo de la Torriente, futuro Marqués de Valdecilla y una de las mayores fortunas de la época, quien sufragara una parte considerable de los gastos».

Yo no sé cuánto aportó don Ramón. Pero sí sé que mi bisabuelo, don Gabriel Maura Gamazo, casado con la indiana montañesa doña Julia de Herrera y Herrera, condesa de la Mortera, aportó 150.000 pesetas. Y Ángel Pérez Eizaguirre, hermano de mi bisabuelo Ramiro, aportó otras 150.000. Y saco estos datos a relucir para hacer mi propuesta sobre Memoria Democrática en el recinto de La Magdalena. Si el sectario disparate sanchista sigue adelante –aunque quizá algún día consigamos pararlo como lo ha hecho la familia Pemán en Cádiz– sugiero que esta supuesta memoria democrática al menos tenga un recuerdo explícito para el hijo de uno de los principales contribuyentes a la construcción de todo el recinto. El ya mencionado Ángel Pérez Eizaguirre. Su hijo Alfonso Pérez Sanjurjo fue asesinado en julio de 1936 por el expedito procedimiento de sacarlo de su casa y darle el paseíllo. Mi pregunta al ministro Ángel Víctor Torres es si la memoria de ese asesinado no es democrática. Sí es un muerto de segunda categoría.