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HorizonteRamón Pérez-Maura

Los elementos de la tragedia van encajando

En el funeral de mañana, Montero volverá a actuar como ministro de jornada, aunque ella jamás definiría su función con esas palabras. Se aprovechará de que la buena gente de Huelva irá a la Misa a rezar por sus muertos, no a pedir cuentas a nadie. Para eso están los tribunales y las urnas

El sanchismo está perdiendo facultades. Llevamos casi ocho años viendo cómo se beneficia de su enorme capacidad para elaborar relatos y salir triunfante de todas sus mentiras. Y esto empieza a pasarle factura. Durante más de una semana Óscar Puente ha comparecido en ruedas de prensa y entrevistas -algunas verdaderamente vomitivas como la de Silvia Intxaurrondo en Televisión Española. Una y otra vez ha tenido que corregir sus declaraciones intentando convencernos de que en realidad quería decir lo contrario de lo que había dicho. Es decir, lo que a posteriori quería afirmar es exactamente lo contrario de lo sostenido originalmente. Hace falta mucha cintura para hacer eso con éxito.

Me ha llamado mucho la atención lo mal que les ha salido la ceremonia laica masónica que habían programado y pretendían celebrar el sábado 31 en Huelva y de la que ya hablamos ayer. Recordemos algo de los actos de Valencia tras la dana. Hubo un funeral en la Catedral de Valencia el lunes 9 de diciembre de 2024 que presidieron los Reyes. Asistieron 400 familiares de las 224 víctimas mortales. Ahí no hubo gritos, ni insultos a nadie. Ni a la vicepresidente, María Jesús Montero, que encabezaba la representación del Gobierno, ni al presidente de la Generalidad, Carlos Mazón. Aquello fue un fracaso radical para el relato que buscaba el sanchismo. Así que dijeron eso de «arrieritos somos y en el camino nos encontraremos».

El Gobierno fue calentando el odio contra Mazón a lo largo de un año, presentándolo como único culpable. La ministra de la cosa, Teresa Ribera, estaba el día de autos en Bruselas ocupada en sus cosas, mucho más rentables que irse a comer a El Ventorro. Y claro, de la celebración conmemorativa de Estado de aquella tragedia, que tuvo lugar el 29 de octubre de 2025, lo más recordado es la retahíla de insultos que se dedicó al presidente Mazón. «Cobarde», «asesino», «Mazón dimisión» y «rata cobarde» son solo algunos de los que allí se escucharon que nunca se hubieran oído en el interior de una catedral. Por eso Sánchez y los suyos no se han atrevido a celebrar el acto previsto para el sábado en Huelva. Porque allí no haría falta calentar la reacción popular. Ya está en ebullición.

Como es sabido, lo normal es que los Reyes asistan a todo acto público con un «ministro de jornada». Este Gobierno es el primero desde el 22 de noviembre de 1975 que ha llegado a mandar a los Reyes a actos sin ministro a su lado. Incluso en viajes oficiales al extranjero. Con motivo de la tragedia de Adamuz hemos visto a la vicepresidente del Gobierno y candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, abrirse paso a codazos para aparecer junto a los Reyes en el lugar del accidente. En el funeral de mañana, en el palacio de los deportes Carolina Marín, Montero volverá a actuar como ministro de jornada, aunque ella jamás definiría su función con esas palabras. Se aprovechará de que la buena gente de Huelva irá a la Misa a rezar por sus muertos, no a pedir cuentas a nadie. Para eso están los tribunales y las urnas.

Poco a poco van encajando las piezas y el sanchismo no encuentra vía de escapatoria.