¡Que viene el Yeti!
Viendo el despliegue alarmista de las televisiones con la nieve de ayer en Madrid estuve a punto de llamar a Tele Reno para intentar volver a casa en trineo
En España en invierno hace frío, llueve y a veces nieva, sobre todo en la mitad norte; y en verano Lorenzo casca muy duro, sobre todo en la mitad sur. Por supuesto, todo eso, que es el clima normal de nuestro país, no era objeto de noticia tradicionalmente. Un aburrido hombre del tiempo, de corbata y sin playeras, resumía la situación en la tele y en los ascensores se hablaba a veces del tiempo para rellenar vacíos incómodos. Y poco más. Sin embargo, ahora vivimos en la era de las televisiones de espectáculo continuo y de las webs insomnes, así que hay que alimentar la máquina y todo se magnifica.
Ayer a las nueve de la mañana, viendo desde la redacción del periódico la que estaban montando las televisiones con la nevada de Madrid, estuve a punto de telefonear a Tele Reno, para intentar volver a casa en trineo en vista de tan tremebundas inclemencias. Fue una pequeña nevada, normal en el enero mesetario, pero informativamente parecía que en cualquier momento iba a aparecer el Yeti desfilando por La Castellana. Reporteros ataviados como si estuviesen a –30 en la Siberia profunda informaban en directo de la «gran nevada», mientras a sus espaldas caían mansamente cuatro copos, que cubrían bancos y tejados con una capita blanca, y poco más.
A las doce de la mañana no había en la capital de España ni rastro de nieve. A las tres y pico lucía un sol estupendo. Sin embargo, un montón de personas se pasaron raudos al teletrabajo –el nuevo deporte nacional– y algunos colegios se apresuraron a cerrar, no fuese a ser que a los pequeñuelos se los llevase por delante un alud. La cosa llegó a tal nivel que algunos políticos incluso suspendieron sus agendas ante el «adverso meteorológico». Si nos ven los escandinavos se desc…
Vivimos en un país curioso, donde lo que es normal recibe tratamiento informativo de gran anormalidad, mientras que lo anormal se deja pasar como normal (y ya sé que la frase anterior parece un trabalenguas a lo Rajoy, pero ustedes ya me entienden).
A mí no me extraña que nieve en enero en Madrid y su sierra, ni me quita el sueño. Habrá alguna carretera cortada, algún pequeño percance, lo habitual en estos casos. Me llaman más la atención otros fenómenos, como que el Gobierno esté borrando archivos de las obras de renovación de Adamuz en los portales públicos de contratación, según ha revelado mi compañera María Jamardo; o que se haya puesto ya en marcha la maquinaria para que Sánchez, al más puro estilo de sátrapa caribeño, indulte a su ex fiscal general, condenado por un grave y patoso caso de guerra sucia política, que tiene una X arriba que todos sabemos quién es.
También me llama la atención que para mantenerse en el alambre un poco más, el presidente esté comprando a sus aliados del Frente Popular 2 a costa de jirones de España. Una regularización súbita de inmigrantes para comprar la voluntad de los podemitas. Las competencias de inmigración a Cataluña para comprar el apoyo de Puchi. La financiación-chollazo para comprar el plácet de Junqueras. Y, por supuesto, transferencias sin cuento al inefable partido chupategui, el PNV, para que esté contento y pueda perseverar en su tenaz tarea para ahondar en el extrañamiento hacia España.
Pero eso no parece preocupar a nadie. Es más alarmante que en enero nieve en las sierras, haya oleaje severo en la costa atlántica y llueva a mares en el Noroeste. Como toda la vida en invierno.