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Ojo avizorJuan Van-Halen

Sánchez, impulsor del fascismo

Un gran error estratégico de Sánchez es creer que ese coco con el que amenaza al ciudadano, la ultraderecha, el fascismo, sigue siendo útil. Su eficacia es inexistente; lo inventó como descalificación. Cree que el pueblo español es tontolaba y engulle lo que le echen

Sin haber dirigido Il Popolo d´Italia, le hubiesen faltado neuronas, ni haber organizado la Marcha sobre Roma, por si le abucheaban, Sánchez es, por sus hechos, impulsor del fascismo en un tiempo de sucesivas experiencias electorales amargas para el sanchismo, mal digeridas por el supremo líder. Mussolini, fundador de aquel periódico fascista, había sido director del socialista Avanti, órgano oficial del PSI. Durante su gobierno socialista Bettino Craxi influyó notablemente en Avanti; arremetió contra jueces que investigaban la corrupción. ¿Nos suena? Craxi es un símbolo europeo de la corrupción política. Contra las cuerdas, huyó a Túnez. Fue condenado a 27 años de cárcel. El PSI y Avanti desaparecieron. No descarto que Sánchez siga ese camino eligiendo un destino más lejano. Y quienes queden atrás, que sufran. Con alegría.

Se atribuye a Churchill la cita: «Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas». El primer fascista español que conocí, y él se consideraba tal, años después acabó de inspirador del radicalismo izquierdista. Omito su nombre. Nuestro presidente no es tonto; tampoco es inteligente ni culto; no pasa de listo. Su característica principal es el narcisismo. Sólo le preocupa él. Lo hizo, lo hace y lo hará. Otra de sus atribuciones es el desahogo respecto a la mentira. Miente siempre y pienso que él mismo se lo cree. Una patología. Con lo que ya sabemos, defiende la gestión de los ferrocarriles, para él los mejores del mundo mundial. Tras ese disparate, ¿cómo va a cesar a Puente? El ministro proclamó que todos envidiamos lo bien que gestiona. Orwell resucitado.

Un gran error estratégico de Sánchez es creer que ese coco con el que amenaza al ciudadano, la ultraderecha, el fascismo, sigue siendo útil. Su eficacia es inexistente; lo inventó como descalificación. Cree que el pueblo español es tontolaba y engulle lo que le echen, y más si se reitera machaconamente. Pero no es así. Partía del convencimiento de que las gentes responden a los mensajes y no a los hechos vividos. Cuando muchos ciudadanos no llegan a fin de mes y llegaban en épocas anteriores, los relatos falsos caen a golpes de realidad.

Otra equivocación de Sánchez es la resurrección política de Franco que la mayoría de los españoles considerábamos pasado, historia, y cada cual tenía su opinión. Al movilizarse la izquierda, desmedidamente y como bandera, contra alguien que ya murió y en la cama, el franquismo se puso de moda en amplios sectores de jóvenes y menos jóvenes que no lo vivieron. Preguntan, se interesan y quieren saber más. Un amigo profesor me cuenta que sus alumnos le piden bibliografía independiente sobre aquel periodo. Una tendencia en crecimiento. El sanchismo ha impulsado el interés por el personaje y sus políticas y el resultado no es el que esperaba. La Transición, que pudo caer en esa trampa, no lo hizo, y en ella colaboraron conocidos políticos del exilio tanto como los considerados aperturistas desde el franquismo.

Sánchez se mete en todos los charcos. El creador del muro acusa a la oposición de dividir a los españoles. Insulta en el Congreso a medios y periodistas con nombres y apellidos. Se atreve, con hilarante desahogo, a denunciar a Telemadrid como medio «al servicio de», olvidando su bochornosa okupación de RTVE, que pagamos todos, desde aquel pleno parlamentario, en medio de una tragedia nacional, convocado para dar posesión a los consejeros televisivos, con amplísima mayoría de sumisos. Su primera medida: subirse el sueldo de 11.000 euros anuales a 105.000. Eso es prosperidad en una empresa endeudada en decenas y decenas de millones de euros.

Sánchez no desaprovecha ocasión para descalificaciones e insultos. Más aún que las pintorescas Irene Montero y Belarra o el tabernero Iglesias, con intervenciones públicas que producen sonrojo. No se quitan de la boca la palabra fascistas. El «puto amo» ha impulsado el fascismo y, de paso, el franquismo; los que no le votan son fascistas. Más de la mitad de España resulta que es fascista. Pero el sanchismo y sus aliados radicales están en cuarto menguante. Bildu es, según su portavoz, el socio fundamental de Sánchez. Es lo que pensará Txeroki ante un txakoli y unos ricos pintxos. Y acaso sin capucha.