El españolito ocioso
Ahora entiendo que el PSOE no baje del 25 % de voto. Si la gente no es capaz de leer cinco líneas de algo que supuestamente le interesa, como para ponerle delante el tocho de su programa electoral
No me gusta mucho hablar de mí en este pequeño espacio de los domingos, pero reconozco que me aburre soberanamente escribir semana tras semana de lo malos que son los políticos y del desgobierno que existe en este país. El «Sánchez malo, Sánchez malo, Sánchez malo» cansa más por repetición que por su propia personalidad. Y aunque tengamos que aguantarlo hasta 2027 (mínimo), podemos evadirnos por un rato del desastre que heredaremos cuando se vaya, con una economía falseada y con unos trenes en los que nos jugábamos la vida sin saberlo hasta que 46 perdieron la suya.
Esta semana me he adentrado en el mundo de Wallapop. Me da una pereza tremenda la compraventa de segunda mano, pero decidí renovar los equipos informáticos que tengo en casa y, en lugar de llevar los antiguos a un punto limpio, se me ocurrió poner un anuncio para recuperar algo de lo invertido. Me dejé aconsejar por un amigo que sabe de esto, ajusté el precio lo máximo posible para venderlo rápido y ofrecí todo tipo de detalles sobre su estado para evitar pasarme el día contestando preguntas, pero ni aún así. ¿De verdad es tan complicado leer antes de lanzarte a la aventura?
Están los que preguntan sin leer. Luego también los que ofrecen dinero para después interesarse por los detalles, en vez de al revés, que sería lo normal. ¿Se imaginan a alguien yendo a El Corte Inglés a comprar un jersey, elegirlo y, cuando está pagando, que le pregunte al dependiente si no lo tienen en otro color? Pues en el universo Wallapop debe pasar tanto que la propia app ha diseñado un sistema para que el comprador ofrezca, el vendedor acepte y después el comprador confirme que lo quiere de verdad y que no era una broma.
Tenemos también al que yo he calificado como el españolito ocioso, ese que no tiene nada que hacer y se dedica a cotillear por la app como el que entra en una tienda para decir «solo estoy mirando». Es el que te pregunta tonterías que te hacen perder el tiempo o el que te hace ofertas absurdas que no merece la pena ni contestar. Y luego está el que se enfada si tardas en contestarle, como si no tuvieras nada más importante en tu vida que hacerle caso a él.
No sé si al final lo conseguiré vender o si me cansaré y lo llevaré a destruir, pero una semana en Wallapop me ha servido para comprender la demoscopia de este país. Por fin entiendo cómo es imposible que el PSOE baje del 25 % de voto. Si la gente no es capaz de leer cinco líneas de algo que supuestamente le interesa, como para ponerle delante el tocho de su programa electoral. Y así nos va.