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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

No habrá Gobierno mundial

Solo los interesados de cualquier índole en retrasar lo inevitable, y entre estos los más desesperados, reconocen alguna autoridad a los clubs de sacamantecas llamados «comisiones» en la ONU

El futuro siempre llega con retraso. El orden de posguerra cristalizado en la ONU no iba a durar para siempre. Su caducidad se ha hecho patente de manera gradual, de acuerdo con la lógica de los cambios de paradigma. Primero hay un solapamiento de visiones del mundo, una etapa durante la cual parecen coexistir dos especies intelectuales, dos lógicas, dos lenguajes imposibles de traducir entre sí, hasta que el nuevo paradigma se establece y reina. Y dura lo que deba durar. El anterior ya está muerto. Cuando alguna larva de mosca necrófaga asoma, no es signo de vida sino, precisamente, de muerte. La ONU puede seguir existiendo, pero Guterres es la prueba de su calaña. O la relatora Albanese, cuyo antisemitismo es tan obsceno que solo puede arraigar en los males previos al orden mundial que la propia ONU encabezó.

Solo los interesados de cualquier índole en retrasar lo inevitable, y entre estos los más desesperados, reconocen alguna autoridad a los clubs de sacamantecas llamados «comisiones» en la ONU. La reciente llegada de Irán a la vicepresidencia de la Comisión de Desarrollo Social, para que se ocupe, entre otras cosas, de la igualdad en el mundo, ha venido a coincidir con el asesinato de decenas de miles de manifestantes. Su régimen tortura hasta la muerte a mujeres por descubrirse el cabello. Desarrollo social. Cuando oigo loas al multilateralismo pienso en estas cosas, o en las innumerables condenas a Israel, única democracia de la región, en contraste con el silencio sobre China o Catar, que jamás han recibido una condena formal de la Asamblea General ni del Consejo de Seguridad.

¿El multilateralismo es bueno o malo? Depende. Parafraseando a los altermundistas indignados, otro multilateralismo es posible. Este, el que tenemos, es una broma amarga, un obstáculo a las libertades, un insulto a la inteligencia, un monumento a la demagogia y una renuncia institucionalizada al legado de Occidente. Guterres es el mejor ejemplo de lo caduco cuando deviene mortalmente tóxico. Él se ha encargado de felicitar al régimen iraní mientras este sigue perpetrando sus masacres impunes. Hasta la UE, que ya es decir, se ha dado cuenta de lo que el torpe canallita portugués no alcanza a ver. Sí, acabamos de designar a la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista. Esos carniceros despiadados dependen directamente del líder supremo, Jamenei, destinatario de las felicitaciones de Guterres.

Agentes no electos decidieron que la UE serviría como experimento para un gobierno mundial. Un viejo proyecto de intelectuales favorables a la ingeniería social radical, a la eugenesia, y aun a la limpieza étnica. Al cambiar la «Comunidad» por «Unión», despreciando el rechazo europeo a una constitución común, vino la paulatina dejación de soberanía estatal, de grado o por chantaje. En realidad luchamos contra el legado podrido del fabianismo, del matrimonio Webb (fundadores de la London School of Economics), de Bernard Shaw, de Russell, de H.G. Wells. El hombre invisible es el poder ilegítimo. Un siglo y medio ha durado la broma.