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El puntalAntonio Jiménez

De escándalo en escándalo pero aquí «no paassa nada»

Inevitablemente aquí, en España, tampoco «paassa nada» por más escándalos que se solapen, unos tras otros, sin solución de continuidad, y salgamos a imputado, querellado o encarcelado por día

Hay un anuncio que me produce rechazo cada vez que martillea mis oídos al escucharlo en la radio y que pareciera estar inspirado por el «sanchismo» irredento. El anuncio radiofónico publicita unas ventanas herméticas que, según la voz del locutor, no dejan pasar ruidos, calor o frío y que la marca de la casa pondera con el repetido eslogan: «no passsa nada». Y eso me recuerda inevitablemente que aquí, en España, tampoco «paassa nada» por más escándalos que se solapen, unos tras otros, sin solución de continuidad, y salgamos a imputado, querellado o encarcelado por día.

El «sanchismo», tras casi ocho años de existencia y de poder, ha conseguido inocular en la sociedad el virus de la resignación junto a los de la indiferencia y la indolencia en altas y letales dosis hasta el extremo de que ya nadie se sobresalta ni sorprende ante el nivel de degradación política e institucional alcanzados. La indignación forma parte de la cotidianidad sin alterar e insuflar más allá de lo razonable las meninges y soliviantar estados de ánimo. «No paassa nada»

Ese estadio generalizado de anestesia social es también consecuencia de la actitud políticamente inmoral y deshonesta que los socios del gobierno han adoptado, dispuestos a tragar con todo , tapar y callar con la excusa de que es preferible soportar el hedor que desprende el muladar antes de que gobierne la perversa ultraderecha. Por eso «aquí no paassaa nada» por más cosas graves que estén pasando y se sucedan un día tras otro.

El mandato de Sanchez al frente del Gobierno marcado por la concatenación de escándalos y reiterados episodios de falta de ejemplaridad y de miseria moral y política, será difícil, por no decir imposible, que sea superado por sus sucesores en la Moncloa. Como tampoco será capaz alguien de superar su avezado ojo clínico para elegir y rodearse de corruptos, «chorizos», acosadores o agresores sexuales. Con semejante currículum, Sánchez, está ya desacreditado para trabajar en el sector privado y menos como jefe de recursos humanos. Y no sólo Sánchez, también su ministro Marlaska dado su empeño en apostar, retorciendo la ley más allá de su jubilación, por el ya ex-DAO de la Policía Nacional, después del escabroso episodio que ha dispuesto su futuro en manos de la justicia y conocerse, porque al parecer era voz populi en el cuerpo, que «j» se movía entre las policías con la bragueta abierta.

Pero ni Sánchez ni Marlaska se dan por aludidos por más responsabilidades políticas, in eligendo e in vigilando, que se derivan de las fechorías perpetradas por sus estrechos colaboradores. Se equivocaron eligiéndolos y erraron por no vigilarlos. Una responsabilidad que políticos honestos de otros lares asumen con la dimisión. No en España, donde Sánchez ejerce de galgo una vez más y huye de nuevo a la India, Puente se atrinchera en Transportes con el equipo de Adif y Marlaska le pasa ese deber a la víctima para que sea ella quien decida si quiere que se vaya por haberle fallado. Y no se irá, a pesar del rosario de casos y cosas censurables y algunas rayanas en la indignidad, por acción u omisión, que ha protagonizado como ministro de Interior, especialmente relacionadas con las víctimas del terrorismo y que justificaron su reprobación en el Congreso. Ni se irá, ni lo echarán, porque quien lo respalda y defiende, Sánchez, está defendiéndose a sí mismo.

Si él no ha dimitido ya, ni asumido responsabilidad política por nombrar y no controlar a sus corruptos secretarios de organización en el PSOE, ni por haber protegido y avalado a un fiscal general condenado por el Tribunal Supremo, ni por promocionar y apoyarse en asesores amiguetes, investigados por evasión y fraude fiscal o por acoso o agresión sexual, además de algún encarcelado como Koldo, ¿con qué autoridad moral puede cesar o exigirle su dimisión al ministro de Interior?

Sanchez es consciente además que Marlaska después de casi ocho años a su lado vale más por lo que calla que por lo que cuenta y entre bomberos, cuando el jefe tiene a su mujer imputada y a su hermano a punto de ser juzgado, mejor no pisarse la manguera y menos pisársela a alguien que se ha asomado a las cloacas de Interior.

A este estado de corrupción y de degradación ética y política al que ha conducido Sánchez a España es lo que llama Yoli Díaz, la pueril e insustancial vicepresidenta, estar en el lado correcto de la historia. El lugar en el que, según la elogiosa e inane ministra de Trabajo, siempre ha estado el presidente del Gobierno a pesar de las muchas muestras dadas sobre su falta de escrúpulos y de principios, cruzando líneas rojas antes infranqueables, que han debilitado el Estado de derecho, atacado la separación de poderes y cuestionado el respeto al marco constitucional, además del deterioro institucional que ha ocasionado. De haber estado en el lado incorrecto y equivocado de la historia no sé qué habría sido de este país y de todos nosotros.

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