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Unas líneasEduardo de Rivas

Rufián quiere ser ministro

Un independentista declarado pretende que le voten en Jerez para arreglar un país que detesta. O eso dice. La realidad es que se le ve poco por Barcelona y que no parece pasarlo demasiado mal de bailoteo con Ester Expósito en Madrid

Con permiso de TVE, que ayer entrevistó mitad en catalán y mitad en español a los medallistas olímpicos que se acababan de colgar el bronce en esquí de montaña, yo escribiré mi artículo de hoy plenamente en castellano, pese a que tenga previsto mencionar a algunas personalidades de la política catalana. Espero no recibir quejas de ningún organismo catalán subvencionado denunciando mi falta de empatía.

¿Por qué va a necesitar traductor un residente en Cataluña para entender a un deportista hablando en español? Aunque muchos quieran pensar lo contrario, hay un idioma en el que todos nos entendemos, por mucho que algunos se empeñen en llevar el catalán a la UE en lugar de fomentar el uso del español.

Precisamente esa lengua fue la que utilizó Rufián esta semana para postularse como candidato de una izquierda unificada a las elecciones. Qué disparate. Lo de hablar en español, digo. Aunque también lo de que un independentista declarado pretenda que le voten en Jerez para arreglar un país que detesta. O eso dice. La realidad es que se le ve poco por Barcelona y que no parece pasarlo demasiado mal de bailoteo con Ester Expósito en Madrid.

Quizás por eso en el último mes haya abanderado una defensa a ultranza de la gestión del Gobierno tras el accidente de Adamuz. Está viendo que el chollo se le acaba y trata de aferrarse lo máximo que puede a la buena vida en Madrid. Si Yolanda Díaz acabó de ministra, por qué a él no le puede tocar la lotería de una vicepresidencia. Y para ello, primero hay que pelotear como está haciendo.

Lo que no sabe es que llega tarde y lo tiene francamente difícil, porque el escenario al que nos encaminamos es bien diferente del que se aprovecharon Sánchez y Yolanda Díaz en 2023. La encuesta de Target Point que hoy publica El Debate cifra en más de 200 diputados la suma de PP y Vox, un margen más que suficiente para que puedan meter la pata tanto uno como otro y aun así superar la mayoría absoluta exigida para desalojar a Sánchez de la Moncloa.