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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

El Gran Impostor Sánchez y la chapa de 'No a la guerra'

Al «ser dulcísima cosa el mandar y ser obedecido», como se le persuade a Sancho Panza para que sea gobernador de Barataria, cualquier treta de Sánchez hay que entenderla en términos de poder, sin importarle defender una cosa y su contraria animado por su falta de escrúpulos

En horas 48, la chapa del 'No a la guerra', promovida por Pedro Sánchez para evadirse de su infierno de corrupción en un país que se cae a pedazos –desde la Dana o Adamuz, pasando por el desplome mortal de la pasarela en Santander o los muertos por el estado de las carreteras–, ha derivado en una recreación de un clásico de la literatura francesa como es La guerra de los botones. Escrita en la antesala de la I Guerra Mundial, la novela de Louis Pergaud narra la enconada rivalidad entre mozalbetes de dos pueblos de la Francia rural que dirimen sus porfías con apedreos a mano o con tirachinas, así como con espadas de madera o palos, entre improperios a cuál más procaz.

De pronto, todo experimenta un giro inesperado cuando los contendientes deciden arrancar a sus prisioneros los botones de sus prendas para hacerles correr semidesnudos hacia sus casas, donde les aguardará una severa reprimenda a esos eccehomos. Ni que decir tiene que el vencedor es quien atesora más botones, a modo de condecoraciones, en un juego de guerra que se corresponde con la despedida de la inocencia. Pergaud colige que, «por lo que se refiere a la guerra, es divertido observar por qué motivos tan fútiles se desencadena y por qué motivos tan banales se extingue». Empero, al desatarse la Gran Guerra Europea, el autor perecería en Verdún bajo el fuego cruzado entre naciones anejas como Francia y Alemania, pero enemigas ancestrales, que no estaban por la rebatiña de botones, sino a exterminarse.

Valga el introito para establecer una puntual analogía con la chapa del 'No a la guerra' de Sánchez, aprovechando la 'Operación Furia Épica' de EE.UU. contra la dictadura teocrática de Irán y su amenaza nuclear. Con su frivolidad y maldad características, el Gran Impostor busca aventar una contraofensiva para eternizarse comprometiendo la seguridad y la libertad ciudadanas. Quien no respeta la legalidad constitucional ni las reglas democráticas –gobernando vía decreto-ley sin presupuestos y colonizando las instituciones como acaba de perpetrar con la Airef– apela grandilocuente a una legalidad internacional que ha venido consolidando el régimen de terror de Teherán. Para más inri, el yerno de Sabiniano, el de los prostíbulos, y el de los ministros puteros conmemora el Día de la Mujer con un «No a la guerra» contra los ayatolás feminicidas.

En cierta forma, Sánchez hace bueno el veredicto de dos personajes de La guerra de los botones que, recluidos en un reformatorio, proclaman: «¡Y pensar que de mayores seremos tan tontos como ellos!». No en vano, en la cruzada contra los ayatolás asesinos, el inquilino de la Moncloa obra como si fuera un tirano: demagogia dizque antiimperialista para aglutinar a toda la izquierda del «No es no» y empobrecimiento de los españoles, mermando su capacidad adquisitiva y acrecentando su precariedad laboral bajo el eufemismo de la fijeza discontinua, así como con contratos tan estables que duran lo que la fase de prueba. En suma, 'Noverdad' Sánchez trata de erigirse en némesis de Trump —al que imita a veces como un «trumpito» en su manual de la negociación— con los asideros de un 'neolargocaballerismo' que busca esta vez una alianza, no con Moscú, como quien se arrogaba ser el 'Lenin español', sino con China como caballo de Troya en una UE que es un tigre de papel en el que cada Estado hace rancho aparte.

Sin embargo, de nuevo, se le ve el cartón a quien certifica su mala fama de socio nada fiable. Luego de negar permiso para el repostaje de las aeronaves norteamericanas en Rota y Morón, lo que no ocurrió durante los recientes bombardeos de instalaciones claves de la satrapía iraní, la farsa de su mendaz «No a la guerra» se cae por su peso. El aparente desliz del «estoy con Trump» de Margarita Robles al saludar al embajador de EE.UU,, Benjamín León, en su reunión del miércoles, según se desprende del audio difundido del instante previo, ha venido a remachar el comentario de la portavoz del Despacho Oval, Karoline Leavitt, de que, ante la inminencia de sanciones, Sánchez se habría avenido a reconducir la crisis en unas relaciones en precario desde que Trump enroló a España en los países Brics alineados con Pekín.

Mas allá de la trifulca, pero descifrable en una ministra de Defensa que dice una cosa en privado y otra en público, es innegable que el Ejecutivo desde la mañanera del miércoles de Sánchez ha resuelto enviar la fragata 'Cristóbal Colón' a Chipre para proteger su defensa aérea en el conflicto con Irán. Aunque Robles esgrima que ello no entraña que el presidente falte a su palabra porque el navío no va a atacar –nadie se lo ha pedido a España–, sino a cooperar en defensa, se registran otras maniobras yankis en Rota que desmontan el teatrillo de Sánchez anegando en mentises a un gabinete que achica agua como puede. Pese a ello, Trump no ceja y ayer volvió a la carga.

Al «ser dulcísima cosa el mandar y ser obedecido», como se le persuade a Sancho Panza para que sea gobernador de Barataria, cualquier treta de Sánchez hay que entenderla en términos de poder sin importarle defender una cosa y su contraria animado por su falta de escrúpulos. De hecho, transita de anhelar ser secretario general de la OTAN antes de serlo Mark Rutte, ex primer ministro de los Países Bajos, por el veto de Biden, a antiatlantista de postureo. Invierte el recorrido de Javier Solana, quien anduvo de gritar «OTAN, no; bases fuera» en 1981 a secretario general de la OTAN en 1996 hasta bombardear en 1999 la extinta Yugoslavia, siendo en el interín jefe de la campaña de la rectificación del «OTAN, de entrada no» (y de salida tampoco).

Un clásico en el PSOE que justificó la presencia del Ejército en la primera guerra de Irak bajo los acordes del 'soldados del amor' de Marta Sánchez al 'No a la guerra' desde la oposición en la Alianza, en la segunda fase, pese a no haber un solo soldado español. Siendo obvio el protagonismo de Aznar en la foto del Trío de las Azores bajo el padrinazgo de Bush hijo, con toda probabilidad, de no ser derrotado en 1996, González habría figurado en ella como el laborista Blair.

Es más, en la cumbre de la OTAN en Madrid de junio de 2022 por el 40º aniversario de la incorporación española, cuando aspiraba a valerse de esa efemérides y de la presidencia europea de turno en el último semestre de 2023 para vestir traje del estadista de cara a las urnas, Sánchez ofrecía cazas a Bulgaria y fragatas al Mar Negro frente a sus socios que retomaban el 'No a la guerra' en contra de la agredida de Ucrania por Putin. Ahora Sáncheztein se une –desde el Gobierno, no desde la oposición como hace 23 años– a ese impostado 'No a la guerra' para emerger electoralmente sumergiendo España hasta ahogarla.

Su postizo 'adiós, míster Marshall' puede dejar a los españoles con el mismo palmo de narices que a los vecinos del pueblo de Bienvenido, míster Marshall del gran Berlanga. No en vano, coadyuva al desplazamiento de las prioridades estadounidenses al otro lado del Estrecho tras su entente con Marruecos, Israel y otros países árabes. A este respecto, el Pentágono estrecha su ligazón con el reino alauita –presente desde la Marcha Verde sobre el Sáhara– estrujando la pérdida de influencia española desde que Zapatero no se levantó al paso de la enseña de las barras y estrellas en el desfile del Día de la Hispanidad de 2003 para abanderar el antiamericanismo de la izquierda. No obstante, acorde al 'Principio de asimetría de la estupidez' que popularizó en 2013 el programador italiano Alberto Brandolini, no es tarea fácil refutar la estupidez, al requerir muchísima más energía que la necesaria para producirla.