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Larga cambiadaJavier Fernández-Mardomingo

Listones y presentaciones

Porque todo es cuestión de acostumbrarse, ya sea al escándalo semanal, a llevar tres años sin Presupuestos, a decidir la política exterior paseando los perros por la mañana o a contemplar en un garito al que dijo Hemingway era el animal más bello del mundo

Tenía yo un profesor de Ciencias Sociales, que, por si alguno anda desubicado, era un batiburrillo de Historia y Geografía fruto de la LOGSE, que llegaba el primer día y se presentaba diciendo: «Soy Juanjo y fumo habanos». Y con eso era suficiente. Luego resultó ser además uno de los tipos más exigentes, que más sabía y mejor conocía la Catedral de Burgos que he visto. Lo digo porque, ya que uno debuta, entiendo que lo conveniente es presentarse para el que no sepa quién demonios escribe. El nombre aparece arriba, me nacieron en Burgos, voy a los toros y hablo por las mañanas en la radio. De momento es suficiente. Como Juanjo, yo también fumo algún pitillo suelto, pero rubio, como los hijos de la LOGSE, aunque mi madre siempre dice que para qué, si eso de fumar ya no está de moda.

No negaré que produce respeto escribir donde me dejan, que es el sitio en el que ha escrito Ussía. Muchos y muy buenos también lo hacen, pero Ussía es Ussía, comprenderán, igual que como dijo Rajoy también en este periódico durante un Mundial, Alemania es Alemania y siempre será Alemania. Pues eso, como Ussía. Menudo listón.

Hablaba el otro día precisamente en la radio con los que allí acompañan sobre la cuestión de dar más o menos importancia a ciertas cosas y dónde poner los listones. Y vengo pensando en lo mucho que todos nos hemos adocenado, o nos han adocenado, a base de escándalos, escandalillos y escandalazos. Porque cuando Maxim Huerta, que hoy es Máximo en los carteles, tuvo que dimitir por una triquiñuela para pagar menos, ni por asomo imaginaba alguno que lo de la ética y la estética iba a brillar por su ausencia prácticamente desde entonces en este gobierno que, con unas u otras siglas, unos y otros nombres, nos acompaña ya desde hace casi ocho años.

Más allá de cuestiones varias y dimisiones que no han llegado, la estética del poder sigue dejando mucho que desear en esta España nuestra. Por eso cuando comentábamos que el ruido por el nombramiento de la presidenta de la AIReF nos sabe a poco, también estábamos de acuerdo en que hace no muchos años nos hubiera parecido impensable. Porque la I de Airef significa independiente. Y una secretaria general de Financiación Autonómica y Local del Ministerio de Hacienda, exdirectora de Financiación del Ayuntamiento de Barcelona, independiente, lo que se dice independiente, no parece demasiado. Por no hablar de que aterriza en mitad de la negociación del nuevo modelo de financiación autonómica.

Todo es cuestión de con quién compararse y dónde poner el listón. Antes fue Escrivá del ministerio al Banco de España, Juan Carlos Campo al Constitucional y primero Dolores Delgado a la Fiscalía. Una vez hecho el trasvase justicia-Fiscalía General, ¿qué puede escandalizarnos? El resto es peccata minuta.

Y lo es por la misma razón por la que Gibraltar y su acuerdo por lo bajinis y sin traducir del inglés sólo parece interesar a Ramón Pérez-Maura, que alertaba de ello en este periódico. La misma por la que nadie exige el paso previo por el Congreso para enviar una fragata a una zona de guerra y la misma por la que un gobierno se enfrenta a Estados Unidos poniendo nuestra política exterior en jaque sin pasar por las Cortes, que es por dónde siempre pasaban estos asuntos. Una vez cambiada de manera unilateral la postura histórica de España para con el Sáhara y conocida, por cierto, vía carta con remite Rabat, ¿Cómo no se van a decidir otras cosas, ya no en el Consejo de Ministros, sino simplemente en la alcoba de Moncloa? Todo es cuestión de dónde pongamos el listón. Y si hay que cambiarlo, sin problema.

Por eso nos han dejado de sorprender ciertas cosas y al final, como bien decía mi amigo Agustín Valladolid, el escándalo es que no escandalice. Pero la cuestión es que no podemos escandalizarnos cada diez minutos, aunque motivos haya. Porque todo en exceso es malo. Todo en abundancia deja de sorprender. Y todo es todo. Ava Gardner incluida, como contaba Manuel Vicent en una charla que se ha recuperado esta semana tras la muerte de su amigo Raúl del Pozo. Llegó un punto en que en Óliver, donde se las pegaba con frecuencia, las gentes cuchicheaban que por allí andaba la Gardner y nadie se daba la vuelta a mirarla. Porque todo es cuestión de acostumbrarse, ya sea al escándalo semanal, a llevar tres años sin Presupuestos, a decidir la política exterior paseando los perros por la mañana o a contemplar en un garito al que dijo Hemingway era el animal más bello del mundo.

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