Es la cosmovisión, estúpido
Se han esparcido noticias supuestamente escandalosas sobre el aparato del partido o se ha intentado deslegitimar la figura de Abascal. Nada de eso ha funcionado
Yo no llamaría «estúpido» a nadie sin que pusiera mucho empeño en merecerlo, y jamás desde el título de un artículo, que es como decirlo a voz en grito. Como saben ustedes, hago referencia a Clinton, el del célebre «Es la economía, estúpido». Que la pedantería me disculpe lo pedestre y lo ramplón.
En realidad, sólo quiero hacer un análisis de urgencia de los resultados de las elecciones de Castilla y León. El PP crece y Vox crece. En Castilla y León, Vox no sube proporcionalmente tanto como en otros sitios, pero vuelve a crecer. También se nos había avisado de que la configuración de las circunscripciones electorales –que dispersan el voto joven– perjudicaba al partido de Abascal. Y aun así, vuelve a ser imprescindible para formar gobierno.
Vox arrancaba la campaña con más plomo en las alas que nunca. Están las bajas y expulsiones de nombres importantes en la historia de la formación. No han sido salidas fáciles. Yo a todos los políticos honrados les agradezco el tiempo y el esfuerzo que dedicaron al bien común y, a la vez, entiendo los resquemores de las rupturas y disculpo los reproches mutuos, tan humanos. Esas polémicas podrían haber frenado a Vox y a veces, desde los altavoces mediáticos, multiplicándolas, lo han intentado, pero ya vemos que no.
No era el único obstáculo. La complejidad de los pactos en Extremadura y Aragón se ha querido presentar como ineficacia. En los entornos ideológicos de la derecha han surgido enconadas diferencias por la política internacional. Ya pasó con Ucrania, pero menos. Ahora, la intervención de Trump y de Israel en Irán ha desatado discusiones intensas entre los afines a Vox. Mientras tanto, los intelectuales más conservadores y/o reaccionarios han tenido otros debates. Aumentan los que reniegan de la batalla cultural, caballo de batalla de los de Abascal. Recuerdo un aforismo de Carmen Camacho: «Tan perezosa que sólo tuvo amores platónicos», y me digo que lo mismo puede pasarles a los pensadores más idealistas. Aquí me confieso más parte que juez: soy partidario de los amores aristotélicos y de las políticas doblemente tomistas (por Aquino y por Moro). Puedo tener razón o no, pero lo obvio es que este debate tampoco ha restado votos a Vox, que ha sumado.
Por fuera, se han esparcido noticias supuestamente escandalosas sobre el aparato del partido o se ha intentado deslegitimar la figura de Abascal. Nada de eso ha funcionado.
Y aquí volvemos al «estúpido» de Clinton (al que dijo, quiero decir). El error de todos los rivales de Vox, ya sean políticos, ex internos, fácticos, intelectuales o mediáticos estriba en que no se dan cuenta de la auténtica fortaleza del proyecto de Abascal. No depende de la organización ni de su perfil en los medios ni siquiera del respaldo argumentativo. Vox ha conectado con la preocupación de la gente corriente por el país que se nos está quedando, esto es, por su seguridad, por su campo y su industria, por su prosperidad, por su identidad, por sus perspectivas de futuro… Mientras sea el único partido que encare esos problemas concretos que angustian al personal, seguirá creciendo, por más palos que se le pongan en las ruedas o por más titubeos internos que atraviese el partido. Ni críticas sutiles ni jugadas mediáticas ni escándalos teledirigidos alterarán demasiado la línea ascendente.
La única amenaza al crecimiento de Vox consistiría en que los partidos rivales aceptasen que España tiene problemas graves (a menudo creados por el bipartidismo o, como poco, ignorados por él). El pueblo –con un instinto de supervivencia muy básico pero muy poderoso– apoyará a quien se proponga coger el toro por los cuernos. Se trata de un problema de cosmovisión, esto es, de planteamiento general, no de pequeñas tácticas electorales o partidistas ni de un tetris de personalismos. En Castilla y León, contra viento y marea, precisamente porque las circunstancias no eran fáciles, se ha vuelto a demostrar.