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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

«Nene, hazte del PSC»

No hay mejor vía en España para acabar dirigiendo una gran empresa pública, o chupando de ella como consejero, que afiliarse al socialismo catalán

Hubo un tiempo en que las familias españolas que aspiraban a una alta carrera directiva para sus hijos invertían en formación. Un par de idiomas foráneos, una licenciatura en una facultad de referencia, un máster en una gran escuela de negocios, o incluso una onerosa estancia en alguna legendaria universidad extranjera. Con una educación de élite, buena cabeza, contactos y mucha laboriosidad se podía llegar a la cima, con un poco de suerte.

Pero toda la gente que eligió esa vía del esfuerzo hizo el canelo. El tiempo ha demostrado que en España existe una ruta mucho más cómoda y rápida para acceder a la presidencia de una compañía de campanillas: «Hazte del PSC, nene». Así de sencillo.

El Partido de los Socialistas de Cataluña fue fundado en 1978 para agrupar a las tres facciones del socialismo que existían en la región. Formalmente se trata de un partido autónomo del PSOE, aunque opera como su franquicia en Cataluña. Es de ideología socialdemócrata y federalista, lo cual en la práctica quiere decir que es un partido nacionalista, pero no independentista.

No se conoce a ciencia cierta el número de afiliados del PSC. Algunas especulaciones lo cifran en unos 15.000. Pero no existe una cantera de líderes empresariales equiparable. Por una feliz casualidad, allí se aglutinan los mejores directivos de España. Hoy el PSC está sobrerrepresentado en las poltronas de las grandes empresas públicas españolas, merced a sucesivos dedazos de don Pedro y su virrey don Salvador. Les encanta mangonear las empresas como si fuesen su cortijo, si hace falta incluso con unos motoristas llevando a sus presidentes a la Moncloa para su decapitación, como pasó en Telefónica y ha sucedido ahora en Indra.

De la órbita del PSC han salido los actuales presidentes de Telefónica, Indra, Aena, Paradores, el penúltimo presidente de Renfe, y el ministro de Industria, que antes mandó en Hispasat. Lo del PSC es un vergel neuronal. Allí hasta los bedeles más modestos pueden llevar dentro un potencial Steve Jobs.

Ese derroche de talento para el mundo empresarial público es extensivo al separatismo. Sánchez paga sus deudas con aquellos a los que debe la poltrona. El expresidente del PNV, Andoni Ortuzar, se cobra los favores prestados al PSOE enchufado como consejero en Telefónica Audiovisual Digital. A la hora de trincar de la multinacional española, a Andoni se le ha curado de manera súbita su antiespañolismo visceral.

En el consejo de RTVE han metido a un separatista de Junts, al que tampoco le sale sarpullido alguno cuando le toca cobrar opíparamente –y por hacer casi nada– de una corporación que lleva la palabra «española» en su nombre.

Un tío que era director general de los Mossos durante el referéndum ilegal de 2017, cuando dejaron hacer, ha sido premiado con un puesto en la CNMC, que vela por el buen funcionamiento de los mercados españoles. En Aena está bien colocado un exconsejero de Quim Torra, un presidente catalán calificado de xenófobo en su día hasta por Sánchez. En Enagás y Red Eléctrica de España han metido a amigotes de Junqueras, un golpista condenado a 13 años de cárcel.

Como escarnio supremo, y a petición de ERC, los españoles incluso sufrimos que sea consejero del Banco de España el economista independentista Jordi Pons, uno de los cerebros académicos del execrable «España nos roba». Somos el único país del mundo que premia como asesores de su banco central y de sus empresas públicas estratégicas a personas que tienen como meta política la destrucción de la nación, a la que odian y desprecian.

La inmensa mayoría de españoles estamos hasta las meninges del chantaje del separatismo catalán y vasco. La suma de Junts, ERC, Bildu, PNV y BNG logró 1,6 millones de votos en las últimas generales, en un país de 49 millones. El PP ganó con 8 millones y Vox obtuvo 3. Pero los partidos que suman 1,6 millones mantienen como rehén al Gobierno de España, por felonía de Sánchez, mientras que los apoyados por 11 millones de españoles no pintan nada. Extraña democracia.

La primera promesa del gobernante que suceda a Sánchez debería ser romper toda relación, trato, componenda o enjuague con los partidos separatistas. ¿En qué cabeza cabe pastelear con quien tiene como objetivo acabar contigo?