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Ojo avizorJuan Van-Halen

Portavoces fustigadores y cabestrillo 'fake'

Sánchez está a lo suyo: aguantar hasta que un censo abultado artificialmente, es decir, apañado y en perjuicio de los españoles, le tranquilice. Todo por mantenerse en Moncloa. Un enmascarado pucherazo. A esto en otras latitudes se le llama golpe de Estado blando

Las ruedas informativas tras los Consejos de Ministros son un ejemplo más de lo que debemos esperar de este Gobierno. Como desgobierna, utiliza cualquier vía de escape y pretexto para el maquillaje. Esas comparecencias ante los medios pervierten su función: informar de lo decidido en el cónclave gubernamental. Son un soporte de propaganda y un marco para atacar a la oposición.

Traté a varios portavoces del Gobierno. El primero, con González, mi viejo amigo Eduardo Sotillos, que no convertía su función en lo que no era. Con Aznar llegó Miguel Ángel Rodríguez, tan criticado por los rabiosos, que cumplía lo que marcaba su ámbito. Luego llegaron portavoces más o menos en su sitio. Con Sánchez, los voceros gubernamentales son meros propagandistas de su partido y fustigadores del adversario. De vergüenza ajena.

La alegre Alegría, perdida ya en su rincón por voluntad del jefe que utiliza la guillotina con sus valedores más que Robespierre en el Terror revolucionario, en su último año como portavoz gubernamental convirtió las comparecencias del Consejo de Ministros en artillería política contra la oposición, y más de un noventa por ciento de sus intervenciones en atacar a Ayuso. No le sirvió para evitar su exilio político del núcleo del poder. En su última perorata, su sucesora, Elma Saiz, siguió ese camino. Sus comparecencias son a menudo esperpénticas, pero ella las entenderá eficaces para lo que conviene al jefe.

Recientemente, Saiz empleó su comparecencia en lamentar la supuesta agresión del informador Vito Quiles a la mujer del presidente, la plural imputada Begoña. Nos contó una historieta que, de momento, no se sostiene en grabaciones. Los vídeos reafirmaban lo contrario: el periodista resulta acosado, empujado, y agarrado por brazos y cuerpo por dos mujeres distinguidas por el sanchismo. La Guardia Civil investigó en el restaurante en que sucedieron los hechos. Parece que Begoña lo denunció, pero no está confirmado; veremos si sucede como con las denuncias que anunciaba Bolaños una y otra vez y de las que nunca más se supo.

No conozco personalmente a Vito Quiles ni comparto sus métodos, pero los apuntala en que ciertos políticos y personajes públicos no mantienen conversaciones informativas en condiciones normales. Son refractarios a la libertad de información. Acuden a las televisiones caseras y a los medios sumisos. El más claro ejemplo es Patxi López con sus desplantes, a veces groseros, ante preguntas que no le gustan. En mi amplia experiencia parlamentaria no ocurría. No ocurría casi nada de lo que ocurre ahora.

La situación viene de atrás. El antecedente lo protagonizó Sarah Santaolalla. Denunció a Vito Quiles por acosarla. En las grabaciones conocidas, el acosado y sometido a violencia es él. El juez consideró la denuncia falta de motivación probada, pero Santaolalla apareció con un cabestrillo fake pese al informe forense que no detectó lesiones que lo justificaran. El juez y el médico desmintieron a Santaolalla, cuya adscripción política es conocida. Fue candidata del PSOE en las listas del Ayuntamiento de Salamanca en las elecciones de 2023. Tras el proclamado acoso, Marlaska le asignó escolta policial. Qué lujo.

Mientras, olvidamos los acosos a Ana Botella, Cristina Cifuentes, Soraya Sáenz de Santamaría y Rita Barberá, en este caso puede que adelantando su muerte. Y hay muchos más ejemplos. «Jarabe democrático» que diría Iglesias, ahora ricachón, antiguo líder extremista y devenido en tabernero. Cualquier exageración y denuncia de la izquierda es buena. De eso se trata: Sánchez quiere que olvidemos lo que le perjudica; sobre eso no habla, pone pies en polvorosa. Desde el paso de los suyos por el Tribunal Supremo por una corrupción rampante que no se sabe a dónde llegará, hasta plegarse a la OMS, en el caso del brote de hantavirus en el crucero MV Hondius, con falsedades sobre las obligaciones que marca la organización sanitaria mundial. A Sánchez, otra pandemia con confinamiento le vendría de perlas.

Sánchez está a lo suyo: aguantar hasta que un censo abultado artificialmente, es decir apañado y en perjuicio de los españoles, le tranquilice. Todo por mantenerse en Moncloa. Un enmascarado pucherazo. A esto en otras latitudes se le llama golpe de Estado blando. Aquí el personal aguanta lo indecible y aparentemente sin rechistar. Siempre pasa nada.