A por ella
Isabel Ayuso admite sus errores, pero no miente. Y por ello es también militar. La milicia es la síntesis del patriotismo, del servicio a los demás, de la decencia, de la renuncia a los bienes materiales y de la indisposición ante el soborno, la deslealtad y –lo repito– la mentira
Van a por ella porque arrasa. Me refiero a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Su declaración institucional el día de la traición a España por parte de la banda que se sienta en torno a la mesa del Consejo de Ministros, fue sencillamente magistral. Contundente, firme, patriótica, incisiva, indignada y noble. Creo que el General Varela debe imponerle la Gran Cruz del Mérito Militar que le ha concedido a Garamendi, el empresario del sollozo. Porque la ministra de Defensa, Margarita Robles, así lo ha dicho. Que la Gran Cruz, que aprueba el Gobierno y concede posteriormente el Rey, fue idea del Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, y no nació de los trapicheos ministeriales. Isabel Ayuso, además de valiente, es como un soldado, siempre en su sitio, dando la cara y defendiendo la dignidad contra la fuerza del odio con serenidad y arrojo. Es una soldado en la mejor versión del patriotismo.
Pero parece que la CEOE de Garamendi ha colaborado en algunos proyectos militares con fondos de los empresarios, y el general, en lugar de premiar a la CEOE, ha personalizado su gratitud con una concesión mayoritariamente discutida por el propio Ejército. Claro que coincidió con las declaraciones de Garamendi a favor de los indultos, de las que posteriormente se desentendió con confusas explicaciones, y esa mala coincidencia ha puesto aún más en evidencia el posible error de tan extravagante concesión.
Si alguien se ha comportado con la lealtad y la entereza de un buen militar en defensa de España, de su Orden Constitucional y de su unidad territorial, ajena a intereses económicos y siendo perseguida por ello, ha sido Isabel Ayuso, que empieza a ser considerada peligrosa por su propio partido político. Al socialcomunismo ya lo derrotó de manera contundente en las últimas elecciones.
Van a por ella porque no calla ante las vilezas que se están cometiendo en las últimas semanas. Y sus mensajes y declaraciones son tan claros, tan nítidos y tan valientes, que no parecen creados por un político. Habla a la ciudadanía en el lenguaje que esta demanda, sin cursilerías, sin mentiras, sin confusiones transversales y sin gilipolleces. Sabe que está vigilada, además de difamada, insultada y prohibida. De pronto le sale la parte chula chamberilera, y hasta los suyos se asustan. Su perfil tiene mucho de Agustina de Aragón, de Catalina de Erauso, la Monja Alférez, y de María de Molina. Creo que las muchas mujeres que hoy honran sus uniformes militares ven en ella un ejemplo de equilibrio y lealtad sin límites a España. Porque sus declaraciones trascienden de Madrid y se expanden por todos los rincones donde habita un buen español. Es infante, caballero, artillera, ingeniera, guardia civil, marinera y aviadora. Y no titubea con los indultos. Traición y golpe de Estado contra la Constitución. Así lo ha dicho. Con la crudeza y la sinceridad de una teniente en su primer destino después de la Academia.
Recuerdo que en mi añorada Mili, me enseñaron los militares muchas cosas. Entre ellas, la disciplina que posteriormente me ha sido imprescindible para no dejarme vencer por la pereza. Pero sobre todo, que la mentira está prohibida. Un militar jamás miente. Se puede equivocar, pero nunca usando de la mentira para no reconocer su error. Y estamos siendo gobernados por una pandilla, no solo de traidores y socios del separatismo, el terrorismo y el comunismo, sino de mentirosos extremos, de gentuza que falsifica sus méritos académicos y considera la mentira como un instrumento político saludable. Isabel Ayuso admite sus errores, pero no miente. Y por ello es también militar. La milicia es la síntesis del patriotismo, del servicio a los demás, de la decencia, de la renuncia a los bienes materiales y de la indisposición ante el soborno, la deslealtad y –lo repito– la mentira.
Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita. Garamendi haría un gran favor al Ejército de Tierra si voluntariamente renunciara a esa Gran Cruz tan rara que le han concedido por iniciativa del JEME. Y el próximo JEME, que lo habrá, podría valorar aún más su alta condecoración imponiéndosela a una militar ejemplar, que gobierna, manda, defiende a España y no miente.
Y que así sea.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 25 de junio de 2021