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DivisaderoAntonio Pérez Henares

La Montero no es un caso aislado

Ni en esto ni en las tramas de corrupción que cada vez salpican más al que hasta ayer fue su ministerio y subordinados y a su propia persona. Es algo que forma parte y está perfectamente adaptado al ecosistema sanchista. Un espécimen característico y definitorio del mismo. Pero como ella los hay por docenas

A María Jesús Montero no hay nada más que dejarla hablar para que ella solita se ponga la soga al cuello. Por si había alguna duda al respecto lo demostró urbi et orbe en el debate de las elecciones andaluzas donde se ahorcó en directo y a la vista de todos.

Insultar de tal manera y por duplicado, porque otra cosa no fue lo que hizo, a la Guardia Civil en pleno, tachando de un accidente laboral la muerte de dos de sus miembros en acto de servicio en su batalla desigual contra el narco, era lo más atroz y dañino, para sí misma y para su sigla, que podía decir. Y, ¿cómo no?, lo dijo. Y reventó el lagarto ya bastante reventado y los trozos se esparcieron desde Huelva hasta Almería.

Hasta para la sensibilidad más embotada eso ha sido ya la gota que ha desbordado el vaso y hasta los más acérrimos saben que les ha acabado por dinamitar la campaña. Al inicio de esta, y con los antecedentes de la susodicha podía preverse que la cosa bien no iba a ir, pero lo sucedido no estaba ni en sus peores pesadillas. La desolación socialista al día siguiente era palpable incluso en Moncloa donde tienen cinco másteres en la asignatura de «Disimulos y mentiras». En Sevilla, muy andaluz, por no llorar, se reían.

Pero que podía esperarse. Si uno lo piensa un poco no es sino un punto y seguido de lo que llevamos viendo, in crescendo y de manera pertinaz e incandescente, desde que puso pie en la política nacional y que ya llegaba al desvarío en estos últimos tiempos.

No es menester siquiera entrar en las almendras de sus continuas patadas a los compromisos, proclamas y principios traicionados y cuya mayor enmienda a la totalidad estaban en lo comprometido como sagrado e intocable por su propia boca. Ese es pecado compartido por todo el gobierno con Pedro a la cabeza en esa compulsión generalizada de mentir a calzón quitado y aquí no ha pasado nada.

Basta en su caso con el retrato de sus gesticulantes extravíos que han ido yendo a la par de sus alucinantes puestas en escena, la de Ferraz, cuando el espantón-pantomima del presidente y su señora, fue para ficharla para una película de terror expresionista, y de sus cada vez más esperpénticas declaraciones acompañadas de las ya normalizadas e incontroladas muecas. La secuencia del caso Cerdán da para un monográfico del akelarre político en que están sumidos y con el que nos inundan a todos. De poner la mano en el fuego, comérselo a besos y carantoñas y tratarlo de amiguísimo para arriba hasta el acabar por venir a decir, que yo a ese señor lo conozco de tan poco que es nada y tanto yo, como todos los de nuestra parva, con él tenemos que ver lo justo. Una pizca y hace mucho, que en las cuentas del PSOE, ayer ya es como medio siglo de pasado.

Pero la pregunta de fondo ha de ser otra ¿Cómo es posible que alguien así haya estado siete años en lo más alto del Ejecutivo hasta alcanzar el grado de vicepresidenta 1ª de nuestro país?

Y la respuesta aunque triste es evidente y clara: Montero no es un caso aislado. Ni en esto ni en las tramas de corrupción que cada vez salpican más al que hasta ayer fue su ministerio y subordinados y a su propia persona. Es algo que forma parte y está perfectamente adaptado al ecosistema sanchista. Un espécimen característico y definitorio del mismo. Pero como ella los hay por docenas y por cientos. Ahí están los Óscar, el Sánchez y el Puente, la Armengol, el Torres, la Alegría, la Yolanda, la otra Montero, y el Pachi, ay el Pachi y tantos y tantos, y Zapatero de revoloteador. Todo por el mismo patrón y del mismo corte. En cualquier lugar que no fuera este pantanal de sanguijuelas no tendrían cabida pero aquí mandan, ordenan y se permiten presentarse a sí mismos como dechados de bondad, esfuerzo y sabiduría.

Y lo seguirán haciendo mientras que quien para salvarse y salvarlos se aferra al poder como una garrapata y poder todos seguir chupando.