Florentino
Algunos parecen más indignados con Florentino por denunciar el escándalo Negreira que con el propio escándalo
¿Pero cómo se le ocurre a Florentino denunciar el caso Negreira, el mayor escándalo de corrupción del fútbol español, que ha adulterado la competición durante 17 años? Mira que ponerse así porque te hayan robado durante casi dos décadas, es la percepción que transmiten algunas reacciones a su famosa rueda de prensa. El problema no parece ser el escándalo, sino Florentino denunciándolo. Y no hace falta ser madridista, que lo soy, para asombrarse por esta distorsión de la realidad en la que el problema es el atracado que lo denuncia y no el atracador.
Me recuerda a la profunda paz espiritual con la que muchos aceptan aquella gran estafa que fue la moción de censura de Pedro Sánchez con Ábalos. Cometida ya la fechoría, pasamos página y nos amoldamos, aunque ahora sepamos que los artífices de la moción contra la corrupción están de corrupción hasta las cejas. Y el extravagante, el políticamente incorrecto, es el que lo sigue denunciando, en lugar de aceptar mansamente lo que fue una clara adulteración del juego democrático. Y nadie ha pagado por ello, como tampoco por la gran corrupción del fútbol español, que aún sigue ahí, sin que parezca avanzar judicialmente, mientras el sistema en el que se produjo sigue en pie. Dicen los árbitros que van a denunciar a Florentino, lo que es el colmo del sistema corrupto, como si los socialistas denuncian a los jueces que juzgan a sus corruptos, que es lo que ya hacen.
Y luego está lo de la indignación por sus «ataques al periodismo», dicen. El periodista que no paraba de interrumpir a Florentino le espetó que lo suyo «es periodismo», lo que me recordó a tantos y tantos opinadores muy socialistas o muy podemitas que rebatían mis argumentos en tertulias de radio y televisión diciendo que ellos hacían «periodismo». Lo que hacían, por supuesto, es lo mismo que los periodistas del régimen que hacen «periodismo» en la televisión sanchista.
Trumpista, le han llamado algunos a Florentino por esa rueda de prensa en la que habló sin tapujos, desconociendo estos críticos que uno de los grandes logros de Trump es precisamente éste, el de la comunicación. Trump ha ganado dos elecciones en Estados Unidos con todos los grandes periódicos del país en contra, entre otras cosas, porque ha conectado con sus votantes rompiendo todos los esquemas clásicos de la comunicación, conectando directamente con los ciudadanos, y dando un vuelco a las relaciones clásicas con el periodismo. Entre otras cosas, siendo políticamente incorrecto, profundamente incorrecto.
Y luego están los ataques de dignidad que han sufrido algunas mujeres porque Florentino pusiera en duda los conocimientos futbolísticos de una columnista. Cuando esas mismas mujeres siguen presumiendo y reivindicando a día de hoy que no saben nada de fútbol, como lo hacía ayer una de las indignadas en El País. Yo, que soy futbolera y presumo de saber mucho de fútbol, aún me asombro del extendido prejuicio social, y particularmente feminista, según el cual una mujer-mujer ni debe ser hincha de fútbol ni entender de este deporte. Y sí, para escribir de fútbol hay que saber de fútbol y para escribir de política hay que saber de política, pero el feminismo es a veces desolador, lo mismo que el periodismo o la política.