Fundado en 1910
Agua de timónCarmen Martínez Castro

Andalucía

Los resultados electorales, con o sin absoluta, van a consolidar el cambio de mayor trascendencia en la política española de los últimos años: la hegemonía indiscutible de la derecha en la comunidad más grande y poblada de España

En un panorama electoral dividido entre cinco partidos, la mayoría absoluta para uno de ellos es algo así como un unicornio blanco, una criatura mítica e irreal. Para que Juanma Moreno pueda cazar ese unicornio esta noche necesita no solo muchos votos, también mucha suerte; tiene que lograr que caiga en su zurrón alguno de los últimos escaños que están en disputa en cinco provincias y eso no se decide por la contundencia de la victoria general sino por el reparto aleatorio de muy pocos votos.

Todos los rivales de Juanma Moreno comparten como único objetivo –o único consuelo– evitar esa mayoría absoluta de los populares. Si lo consiguen lo celebrarán como un triunfo, aunque no sea más que la confirmación de una impotencia compartida. No pueden cambiar la realidad social de Andalucía y se conforman con evitar que esa realidad se plasme en un gobierno estable y eficaz.

Porque si esa mayoría absoluta es una moneda a aire lo que no es dudoso ni incierto es la aplastante victoria de los populares que auguran todas las encuestas. Los resultados electorales, con o sin absoluta, van a consolidar el cambio de mayor trascendencia en la política española de los últimos años: la hegemonía indiscutible de la derecha en la comunidad más grande y poblada de España. Andalucía, que fue el corazón y el músculo de la época dorada del socialismo español, hoy es el espejo de su desplome.

Cambios sociales de esta profundidad no ocurren por accidente. Es cierto que Pedro Sánchez ha maltratado a los andaluces más allá de lo razonable, pero los deméritos del PSOE no deben ocultar el éxito de Juanma Moreno, cuyos índices de aprobación son tan extraños en la política actual como las mayorías absolutas. El líder del PP andaluz ha sabido encontrar la fibra que llega a una mayoría de ciudadanos más allá de su adscripción ideológica, de ahí su hegemonía. Ha sabido recrear el andalucismo profundo de esa tierra para llevarlo del agravio al orgullo. Los gobiernos del PP, en la Junta y en cientos de ayuntamientos, han logrado construir una nueva realidad, dinámica y competitiva y a los andaluces les gusta verse protagonistas de ella. Esa Andalucía que vota mayoritariamente a la derecha ya no es la que se duele sino la que disfruta de su autoestima. Si además hoy consigue la mayoría absoluta, se demostrará que también en materia de estabilidad política, los andaluces juegan en otra liga.

Sánchez seguirá atrincherado después del seguro batacazo de esta noche, pero la influencia del tsunami andaluz en la política española es irreversible. El resultado de este ciclo electoral es una desautorización radical de Pedro Sánchez, que se ha convertido en un elemento tóxico para su partido y para sus socios. Y esto también es una lección que podemos extraer antes de que se abran las urnas. La victoria del PP en Andalucía demuestra que el auténtico éxito en la política se consigue con proyectos que convenzan a grandes mayorías y no recolectando una colección de minorías chantajistas. También nos enseña que se puede triunfar sin necesidad de apelar a la polarización o al egoísmo como recursos infalibles. Existen emociones positivas y son tan movilizadoras en política como sus contrarias o acaso más.

Con mayoría absoluta o sin ella, esta noche tendremos el retrato de una Andalucía transformada para bien. Y ese cambio se podrá ralentizar o entorpecer, pero es irreversible.