Política de bosques
Es un ejemplo de libro de gatopardismo: todo ha cambiado por fuera y poco por dentro. Pero gato negro, gato blanco o gatopardo, lo importante es que Moreno Bonilla ha cazado a bastantes ratones del viejo régimen andaluz
El éxito de Juan Manuel Moreno Bonilla ha sido incontestable, pero no absoluto. Vox le ha salido resiliente. En el fondo, Moreno no le ha dado la vuelta a Andalucía, pero tal vez tampoco pretendió dársela. Andalucía en muchas cosas sigue siendo la tierra donde se enseñorearon o enseñoritearon los socialistas. Pero a la política regional sí le ha dado la vuelta como a un calcetín. Eso tiene su mérito y merece un aplauso.
Desde mi orilla netamente conservadora está la tentación de considerar su éxito puramente cosmético o musical. Ha sabido ganarse –sonrisas y canciones– el aprecio de un electorado andaluz que valora bastante el buen rollo. Y para absorber el voto socialista hay otras cosas que no ha hecho: omisiones muy conscientes y planificadas. No ha desmontado las estructuras profundas. Se ha adaptado a un andalucismo autorreferencial, satisfecho de sí mismo. En su canción «Kilómetro Sur» no se nombra ni una vez a España, a diferencia del mismísimo himno de Andalucía. Comparte con el votante tipo socialista el discurso pro-inmigración y la agenda 2030. Es un ejemplo de libro de gatopardismo: todo ha cambiado por fuera y poco por dentro. Pero gato negro, gato blanco o gatopardo, lo importante es que Moreno Bonilla ha cazado a bastantes ratones del viejo régimen andaluz.
Además, su éxito sí conlleva un cambio sustancial, quizá involuntario. El PSOE ha quedado muy reducido, sin duda, pero, además, está siendo subsumido en el PP andaluz. El socialismo tiene todavía la inercia de algunos votos, pero ninguna fuerza motriz. Se ha visto en la campaña. La única alternativa real era Vox. No para frenar el empuje de Moreno Bonilla, sino para templarlo. El vuelco del calcetín ha sido tan completo que las dos derechas configuran una nueva dialéctica: emerge un nuevo bipartidismo que, en alas del impulso dextrógiro de la política española, europea y mundial, irá creciendo.
A algunos confundirá que la nueva rivalidad se establezca entre dos fuerzas capaces de pactar gobiernos, como en Extremadura y Aragón y, próximamente, en Castilla y León, y más tarde quizá en Andalucía. No nos confundamos nosotros. Es la nueva Gran Coalición del nuevo bipartidismo. La paradoja es notable: PP y PSOE, que comparten tantísimas políticas de fondo y votan a una en Europa, jamás han sido capaces de pactar en España; mientras que PP y Vox, tan distintos en contenidos y modales, sí pueden gobernar juntos. La historia política tiene razones que la razón de Estado no entiende.
Estamos pasando de la vieja política de bloques a la nueva política de bosques. Cuyos árboles nos dificultarán ver el conjunto. En el PP surgen cinco variedades distintas de difícil complementariedad. 1) Los gobiernos autonómicos de coalición con Vox. 2) Aquellas regiones donde no gobierna (Cataluña) y en que la competencia por liderar la oposición será feroz con los de Abascal. 3) El modelo andaluz, donde el PP necesita sólo un pellizco o dos de Vox, pero, como ha absorbido tanta parte del antiguo espacio socialista, no va a sentirse cómodo con la negociación. 4) La mayoría absoluta de Díaz Ayuso que funciona al revés: arrimándose al discurso –no al programa– de Vox. Y 5) Feijóo que tiene la misión de coordinar y unificar todas estas especies.
Vox también tiene su propio bosque que atravesar. En las comunidades que gobierna en coalición ha de apoyar leal y eficazmente al PP para que su gestión descuelle de las comunidades autónomas monocolores, donde tiene que ser feroz oposición. En Andalucía, el desafío será todavía más delicado: sostener a un PP casi hegemónico sin quedar reducido a mera fuerza auxiliar. Tiene el compromiso moral de hacer rendir sus votos. No será fácil sorber y soplar.
Lo indudable es que entramos en una nueva etapa política, en la que el miedo que produce Pedro Sánchez, todavía un espectro del bosque, seguido por la Santa Compaña de un PSOE difunto, puede distraernos de las nuevas reglas de juego. Pero hay que fijarse. No echaremos de menos la política de bloques, pero sí la facilidad de los análisis binarios. En los bosques, orientarse siempre