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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

La diarquía Sánchez-Zapatero y su Alianza de Corrupciones

El «todo mi apoyo al presidente Zapatero», como antes hizo con todos sus edecanes, incluido el inhabilitado fiscal general García Ortiz, que un cariacontecido Sánchez pronunció el miércoles en las Cortes es, en realidad, un apoyo a sí mismo

De no ser por las fiscalías francesa y suiza, más la cooperación estadounidense, el indecente rescate de la compañía hispano-venezolana Plus Ultra no solo hubiera permanecido en las bodegas de la Justicia española tras prescribir por un inexplicado fallo burocrático, sino que no se hubieran esclarecido sus altos vuelos delictivos y sus bajos fondos ligados al crimen organizado al revelarse que los 53 millones del ala blanquearon capitales turbios. Todo ello con la contribución de una de esas almas que, según Nietzsche, únicamente rozan la sinceridad bajo la máscara de un cinismo que, a veces, pone sonrisa de oreja a oreja.

Como el del expresidente Zapatero para fingir ser un desprendido «contador de nubes» mientras acaudala soles chavistas con la hambruna y la sangre de los venezolanos a los que sojuzga la satrapía de la que es agente de sus mercaderías. Debe ser cosa, como le comentó hace años su secretaria, Gertrudis Alcázar, al escritor Juan José Millás, de que «no entenderás a Zapatero hasta que te convenzas de que se cree todo lo que dice».

Quizá obedezca a ello su faz de Mr. Bean, de «esto no puede estar sucediéndome a mí», del vídeo que se grabó tras ser imputado por organización criminal, tráfico de influencias, apropiación indebida, falsedad documental y blanqueo de capitales cuando gozaba del privilegio de atesorar influencia sin responsabilidad. Como expliqué hace justo un año en El Debate –«¿Y Zapatero no responde ante nadie como valido de Sánchez?»– a propósito de la especulación en algunos mentideros de que Sánchez podría promoverlo a jefe de su diplomacia, dado su desempeño oficioso de tales funciones, como el premier británico Sunak terminaba de hacer con Cameron.

Sin embargo, un murciélago como el noctívago Zapatero necesita —como patentizó con ETA y con el golpismo catalán— de la oscuridad para maniobrar y preservar sus maléficas aptitudes de príncipe de las tinieblas que se desvanecerían si la luz del sol ilumina su macilento rostro, amén de tener que ser fiscalizado por las Cortes. Tapado, podía simultanear ser válido y comisionista, por lo que era inaudito que la oposición no tomara cartas.

Luego del demoledor auto de imputación, habrá que ver si, a la arrancada de caballo del juez Calama, no acompaña la subsiguiente parada de burro que anhela el Gobierno en un magistrado que dejó en vía muerta el 'caso Pegasus' sobre el espionaje marroquí a Sánchez y denegó causa penal en el Gran Apagón del 2025. Ese fue el motivo por el que el exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, renunció al aforamiento al observar la velocidad con que avanzaba las causas de su predecesor Ábalos y su asistente Koldo García, hoy al aguardo de sentencia del Tribunal Supremo, en contraste con el dilatado pleito del clan Pujol por parte de la Audiencia Nacional.

Entretanto, el triministro Bolaños, en su infatigable colaboración con la Justicia –valga la ironía–, remueve por sorpresa –«¡Caramba, qué coincidencia!», opinarían jocundos Les Luthiers!– a la juez de enlace con Francia y Suiza, Silvia Martínez Cantón, tras las pesquisas de ambas fiscalías sobre la trama Plus Ultra, tajando su mandato tres años. De paso, busca normalizar los enjuagues de Zapatero como un honorable lobista al modo de su ministro Blanco, que deambuló de ser sorprendido en una gasolinera con un contratista a crear la mercantil de favores que acaba de vender. Claro que Zapatero operaba desde una oficina del PSOE, sita frente a su sede central del PSOE, la coordinación de la red con su secretaria Gertrudis, cuya nómina sufraga el Estado, sirviendo la operativa financiera y societaria, al igual que la imputada secretaria de Begoña Gómez, que gestionaba los negocios particulares de esta desde La Moncloa.

Ello redunda en la apreciación de que Zapatero sigue la estela del excanciller alemán Schröder al servicio del Moscú y de Pekín al mutar su 'Alianza de Civilizaciones' en 'Alianza de sus Corrupciones' desde que, en el invierno de 2021, Sánchez se desembarazó de «la banda del Mercedes» remplazándola por la de los Rodríguez (los hermanos Delcy y Jorge, amén de ZP) para financiar su asalto a la Internacional Socialista con 'petrosoles'. El trasbordo no fue por las putas del desbraguetado Ábalos –mal podía serlo por quien refundó el PSOE en los serrallos del suegro con su mujer de contable de las saunas–, sino por las perspectivas que le abría Zapatero en el ámbito internacional y en el amarre de aquellos que enjalbegó como presidente hasta calificar de «accidente» el atentado etarra de Barajas.

El Gobierno lo fía todo al tiempo porque precisa aprovechar el año que resta de legislatura para blindarse y trastocar el censo electoral a la espera de que, como en 2023, suene la flauta en una España atada a una noria que da vueltas alrededor sin moverse del lugar. Empero, la zapatiesta del pana de Sánchez compromete al presidente, al no haber sido posible sus trapicheos sin su concurso, como con Plus Ultra, por parte de un Consejo de Ministros donde –oh là là– oficiaba de vicepresidente Pablo Iglesias, así como otros actores relevantes como la exministra de Hacienda, María Jesús Montero, quien avaló el gatuperio pese a sus débitos fiscales, o el hoy gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, quien certificó como ministro -tras citarse con Zapatero- que la aerolínea estaba al corriente de pago con la Seguridad Social cuando debía el manso. Ítem más: El exdirigente socialista Javier de Paz, directivo de Telefónica, participó en diciembre de 2019 en la fundación de la sociedad tapadera «Análisis Relevante» junto a Zapatero, del que fue alto cargo, y del testaferro del expresidente, Julio Martínez Martínez, para montar una consultora como la de Blanco. Aunque Zapatero y Paz se apartaran en la víspera de la firma, compareciendo los hermanos Martínez, Julio y Manuel, y Sergio Sánchez, al que Paz incorporó a Telefónica al salir del CNI con la ida del general Sanz Roldán, el precedente de Cerdán con Servinabar en la que no figuraba, siendo dueño del 45 %, evoca su modus operandi.

El «todo mi apoyo al presidente Zapatero», como antes hizo con todos sus edecanes, incluido el inhabilitado fiscal general García Ortiz, que un cariacontecido Sánchez pronunció el miércoles en las Cortes es, en realidad, un apoyo a sí mismo tras unir su destino a aquel con el que, después de años de frialdad tras secundar la candidatura de Susana Díaz, se reconcilió hasta configurar hoy una diarquía de corrupción. Todo por no advertir el consejo de don Quijote a su fiel escudero: «Tengo por costumbre, querido Sancho, que, en viendo el burro venir, ya de lejos me apercibo, sin confundirme, de las patadas que pudiera propinarme. (...) Y cuidado, amigo, que son los que luego cobran de berberiscos y de otros que más allá someten a sus pueblos».

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