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en el recuerdoAlfonso Ussía

No la hizo... y se nota

Si todo eso que aprendí, alguien lo compara con la ley estalinista que pretende imponer el Gobierno de Sánchez a nuestras libertades y derechos, se deduce que el responsable de la majadería no hizo la Mili. Y que se nota que no la hizo

Pablo Casado no hizo la Mili. Se nota cuando establece comparaciones con aquel período de formación castrense y social que destruyó Aznar porque tampoco sirvió a España con uniforme. Consiguió librarse por tener los pies planos, que no le han impedido correr mucho más que lo exigido en el Servicio Militar. Casado ha comparado el Servicio Militar con la Ley de Seguridad Nacional que pretende aprobar el Gobierno traidor para abolir nuestra libertad y derechos constitucionales «en situaciones de crisis que él mismo definirá cuando lo estime oportuno», como bien opina Isabel San Sebastián en su artículo de ABC.

Una desafortunada comparación entre un período de servicio a España en igualdad de condiciones con centenares de miles de compatriotas y una Ley que sólo pretende eliminar las libertades y los derechos de los españoles cuando el gobierne considere que sus privilegios se hallan en peligro. Porque todo lo que hace este gobierno, prepara este gobierno y proyecta este gobierno nada tiene que ver con el bienestar de los españoles, sino con los futuros blindajes que precisa para que sus componentes, en el caso de verse obligados a abandonar el poder, no se sienten en el banquillo de los acusados por alta traición, derroche del dinero público, prevaricación permanente encadenada y demás tropelías de las que todos sus componentes son corresponsables.

Pablo Casado no hizo la Mili, y se nota. Yo la hice, y sí me lo noto. No fue una Mili de enchufado. Pasé sirviendo con toda mi modestia a España quince meses en el CIR 16 de Camposoto, Real Isla de León, San Fernando, Cádiz. Y aprendí a ser como los demás, nunca más que los demás, y jamás menos que los demás. Aprendí a no mentir por librarme de un arresto. Un militar acepta siempre la verdad y aborrece la mentira. Aprendí a simular el cansancio cuando el cansancio me dominaba. Aprendí a valorar a mis superiores, siempre dispuestos a ayudar a sus soldados. Aprendí la disciplina. Una disciplina que me ha ayudado a cumplir escrupulosamente con mi trabajo cuando, ya licenciado de mis deberes militares, me convertí en mi jefe y en mi subordinado.

Aprendí de ellos, los militares, que existían unos valores muy por encima de los establecidos por nuestra sociedad. El amor y servicio a España sobre todo, y la renuncia a los bienes materiales, a la codicia, a la avaricia y al deshonor que procuran las ambiciones individuales sin reparar en los medios para conseguir lo innecesario. Aprendí a respetar mi uniforme como si fuera sagrado, que lo era. Y debo reconocer, que mi carrera militar de quince meses fue meteórica. Ingresé de recluta, a los tres meses juré bandera –con plena convicción de lo que hacía-, y me convertí en soldado de España. Tres meses más tarde, cabo. Al fin, cabo 1º, empleo en el que me licencié.

Conocí a lo mejor y peor de nuestra juventud, mucho más abundante lo mejor que lo peor. Invertí una buena parte de mis horas libres en alfabetizar, enseñar a leer y escribir, a unos pocos que llegaron analfabetos y se fueron con los estudios elementales aprobados. Mis amigos de la Mili siguen siendo mis amigos, y guardo de mis superiores un recuerdo imborrable. Si me arrestaron, lo hicieron por justicia. Si me perdonaron, por generosidad.

Y aprendí a emocionarme un día sí y otro también, cuando, arriada la bandera en el ocaso, saludábamos hacia el sol poniente en el toque de oración para recordar y agradecer su sacrificio y heroísmo a todos los soldados españoles caídos en defensa de su patria, la nuestra, la mía, España.

Si todo eso que aprendí, alguien lo compara con la ley estalinista que pretende imponer el Gobierno de Sánchez a nuestras libertades y derechos, se deduce que el responsable de la majadería no hizo la Mili. Y que se nota que no la hizo. Y que lamento que no la hiciera, porque no está del todo formado para ejercer futuras responsabilidades.

Allá él.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 7 de julio de 2021