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Confieso agobiado que las progresistas y progresistos lo estamos pasando fatal. Preocupación extrema, con un sueño inquieto que apenas pasa de un duermevela fatigoso. Picos de estrés, rozando a veces la taquicardia. Una constante desazón, que no logras sacarte de encima siquiera ni con el jarabe tonificante que suponen las arengas de incondicionales como Intxaurrondo, Ruiz y Fortes.

Pero no se confundan. Este tremendo malestar no se debe a la diabólica conjura de la ultraderecha judicial, policial y mediática para derribar al Gobierno de la «coalición progresista» que preside el faro universal del «lado correcto de la historia». Lo que nos agobia de verdad es otro problema más grave, porque puede que estemos ante una tragedia humana: ha desaparecido la autodenominada «mujer con más poder de la democracia». Así como lo leen.

Nuestra Marisu de Triana, que antaño chupaba más tele que Santaolalla, Aroca y el profesor Núñez juntos, se encuentra desaparecida en combate. Se la ha tragado la tierra. Lleva ya doce días sin asomar los rulos por ningún lado. La última aparición en carne progresista se produjo hace 12 días, cuando la entrevistó Àngels Barceló en la Ser (poco antes de que el dueño de Prisa le enseñase la puerta por apologista enfebrecida del autócrata, porque el sanchismo empieza a oler a fiambre y toca reorientar la nave y soltar el lastre de los más fanáticos de la correcta causa).

Volvamos a Sevilla. ¿Qué ha pasado? ¿Habrá secuestrado a nuestra Marisu de Triana algún comando de la fachosfera? ¿Estará escondida por algún lugar de Europa buscándose un chollazo, como hizo en su día con éxito y descaro Tere Ribera durante la dana? ¿O acaso permanece acantonada y depre en su dacha sevillana, viendo con lacrimógenos suspiros vídeos de antaño, de cuando era vicepresidenta todo poderosa y levitaba a la vera de Mi Persona?

La cascada de tropelías del sanchismo se ha agolpado de tal manera que nos da la sensación de que ha pasado mucho tiempo desde el batacazo del PSOE en Andalucía, donde la admirable Marisu rubricó la peor marca de su partido y se quedó en un 22,7 % de los votos (la superó hasta el extremeño Gallardo, hoy en el banquillo junto al Hermanísimo, que obtuvo un 25,7 % en las urnas). Pero en realidad los comicios andaluces se han celebrado hace solo 13 días.

Al día siguiente de su memorable toña, Marisu concedió una entrevista a la inevitable Barceló. No hizo autocrítica alguna, por supuesto. Se limitó a decir que «no hemos conseguido movilizar al electorado y no estoy contenta» y prometió ser la jefa de la oposición en Andalucía (apuesten desde ya a que no). A partir de ahí, missing. Cuando el PSOE andaluz tiene que salir a decir algo está enviando a algún subalterno, pues nada se sabe de la lideresa.

Cinco días antes de las elecciones, también en la cancha amiga de Barceló, una enfática Marisu lanzó la siguiente proclama: «Salgo a ganar y voy a ganar». Ahora ha palmado y se ha dado el piro.

Todo esto dista de ser anecdótico, pues refleja la ínfima calaña de quienes nos gobiernan desde 2018. María Jesús Montero ejerció de vicepresidenta primera, ministra de Hacienda y sigue siendo la vicesecretaria general del maltrecho PSOE. No es de recibo que se presente a pedir el voto a los vecinos de la región más poblada y extensa de España, que se haya pasado meses y meses relegando el ministerio para hacer campaña en Andalucía, que haya convertido actos gubernamentales en actos de partido, que les haya dado el coñazo a los andaluces en pomposos mítines de soflama «progresista» junto a The One y el Mr. Plus Ultra… para luego, cuando las elecciones le salen mal, esconderse y desentenderse por completo de aquellos a los que reclamaba el voto impartiéndoles grandes lecciones magistrales de solidaridad.

Montero ha resultado lo que parecía: un alborotada nada. Si conservase una mínima dignidad debería haber abandonado la política la misma noche de su derrota, cuando los votantes tuvieron la ocasión de decirle de la manera más rotunda que no quieren ni verla. Pero claro, de algo hay que vivir y volver a su plaza de administrativa de hospital se le hace muy crudo tras media vida dándose pote en coche oficial y paseándose en plan borde altiva por los más selectos foros y cenadores. Ay, Marisu, quién te ha visto y quién te ve...