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GaleanaEdurne Uriarte

La conjura de corruptos y separatistas que empezó en 2018

Mañana se cumplen ocho años de aquella moción de censura en la que políticos sin escrúpulos se conjuraron para asaltar el poder

Mañana, día 31 de mayo, se cumplen ocho años de la moción de censura con la que Pedro Sánchez llegó al poder. Volver a leer precisamente esta semana lo que dijeron él mismo, su portavoz Ábalos y sus socios separatistas y extremistas en aquel debate es como visualizar una película de terror político y que bien merecería un documental sobre lo que fue una conjura de corruptos y separatistas para asaltar el poder.

Quizá podría hacerlo Iñaki Arteta, cuyo magnífico documental sobre Gregorio Ordóñez acabo de ver. Y es que el asesinato de Gregorio Ordóñez hace 31 años y lo que pasó en esa moción se enlazan trágicamente a través del increíble proceso de simbiosis política del PSOE y los herederos de ETA. Este jueves ocurrió un hecho insólito en el Congreso que ha pasado casi inadvertido, cuando toda la bancada socialista abandonó el Pleno en solidaridad con Bildu. Y lo hizo porque la diputada popular Patricia Rodríguez acababa de reprochar a Bildu su apoyo a los encapuchados de la chapela. Así han pasado los socialistas de los acuerdos de Zapatero con ETA y el pacto de Sánchez para la moción de censura al abrazo ideológico y emocional con Bildu.

Esa fue una de las bases de la moción de 2018 que se mantiene hasta hoy, el acuerdo con los separatistas que quieren la ruptura de España y a los que Sánchez ofreció su disposición a todo tipo de concesiones. Tanto a los de Bildu, como a los golpistas catalanes, como al PNV. «Que mis palabras no contribuyan al lodazal», dijo Aitor Esteban entonces en el colmo del cinismo, cuando después hemos sabido de los vínculos corruptos de Cerdán y empresarios cercanos al PNV. Porque esta es la otra parte de la moción de censura y del Gobierno de España que tenemos desde entonces, la corrupción, la corrupción que ya estaba en la base de su moción.

Y no me refiero solo a la corrupción moral de derribar a un Gobierno cuyo presidente y ministros ni eran corruptos ni habían sido condenados y hacerlo con los separatistas y golpistas, sino a la corrupción de todos los hombres de Sánchez que participaron en la conjura, comenzando por Ábalos y Cerdán. Es terrible recordar que el portavoz socialista era Ábalos, quien llegó a decir, entre otras cosas, que «esta moción es para recuperar la dignidad de nuestra democracia», o que «el Estado tiene que tener un gobierno con fortaleza y autoridad moral», frases para el documental de terror político.

Hoy, cuando los hombres clave y la familia de Pedro Sánchez están investigados por gravísimos casos de corrupción, cuando Sánchez aparece como el jefe de las cloacas que intentan obstaculizar la acción del Estado de derecho, aquella moción se nos aparece como lo que realmente fue: un acuerdo entre políticos ambiciosos y con pocos escrúpulos para lograr el poder. El jefe de todos ellos, Pedro Sánchez, dijo que lo hacía por «la limpieza de las instituciones y la ejemplaridad de los dirigentes». Hoy, cuando sabemos que fue un obsceno montaje para llegar al poder sin pasar por las urnas, no podemos dejar de preguntarnos de qué más pueden ser capaces para mantener ese poder.