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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Dando cera al voto CERA

Si sales de Barcelona para irte a vivir a las Islas Chatham, en Nueva Zelanda, puedes votar en las catalanas, pero si te vienes a Toledo, no. Es demasiado absurdo. La razón real solo puede ser una: que los vascos alejados por la ETA que siguen en España no solo no tengan voz en el País Vasco, sino tampoco voto

No es posible extraer grandes conclusiones del resultado del voto CERA en Andalucía. Solo pequeñas conjeturas. Voy a tratar de justificar ambas afirmaciones, que no dejan de referir a una sola idea: el voto CERA no significa nada. Entiendo la sorpresa por el hecho de que Montero gane entre algún colectivo, el que sea. Pero lo cierto es que también habrá ganado en algún pueblo, digo yo. Es algo que podemos dar por hecho sin tener que coger y consultar una IA. No hace falta, ¿verdad? Aunque si lo hiciéramos nos enteraríamos de que el PSOE ha ganado en Alfarnache o en La Rinconada. De hecho, sabríamos que el PSOE ha ganado en el 23 % de los municipios andaluces. Pero, ¿a qué detallar lo que ya intuimos? Que el PSOE saliera escaldado en las últimas andaluzas no significa que no haya ganado en algún sitio. Pues bien, tomemos el conjunto de los residentes en el extranjero que han votado en las elecciones andaluzas como una especie de pueblo imaginario. Caracterizado por una inclinación a no cruzarse en la plaza porque no la hay.

Podemos hacerlo sin problema porque, al fin y al cabo, no serán más que unos cuantos miles. No más de veinte, diría yo. Si consultáramos una IA (que ya me dirás qué sentido tiene) sabríamos que la tan difundida diferencia entre el resultado CERA y el resultado andaluz viene de comparar la conducta de varios millones con la de un puñado de personas, y que al decir «los socialistas ganan» nos referimos a 6.703 votos, seguidos por los 6.307 del PP, por los 2.961 de Vox y por los 1.316 de Adelante Andalucía. O sea, nada que resulte significativo. O nada que resulte un poco más significativo que el triunfo socialista en uno de cada cuatro municipios reales, no virtuales. Me encantaría entregarme a especulaciones sobre la mayor inclinación hacia la izquierda de los que no viven en España. Ahí vendrían las pequeñas conjeturas a las que me referí. No creo en ello, así que no les voy a engañar. Sí creo en que la izquierda se organiza más por su talante gregario, mientras que la querencia por la libertad individual y por el «no me mareen» es propia de la derecha.

Lo que no entiendo es que los españoles residentes en el extranjero puedan votar en las elecciones autonómicas de aquella comunidad donde tuvieron su última residencia en España, mientras yo, que sigo en mi casa (Toledo, España) no puedo votar en las elecciones catalanas. O que los vascos de Marbella, los vascos todos del exilio interior, no puedan votar en las elecciones vascas. Si sales de Barcelona para irte a vivir a las Islas Chatham, en Nueva Zelanda, puedes votar en las catalanas, pero si te vienes a Toledo, no. Es demasiado absurdo. La razón real solo puede ser una: que los vascos alejados por la ETA que siguen en España no solo no tengan voz en el País Vasco, sino tampoco voto.