Fundado en 1910

En toda España, y muy especialmente en Madrid, se ha suscitado una palpable ilusión ante la llegada de León XIV. En solo un año y 27 días de pontificado, Robert Francis Prevost, de 70 años, un agustino de doble nacionalidad, estadounidense y peruana, se ha metido a los católicos en el bolsillo (y a muchos que no lo son), con su fuerza tranquila, su bondad pastoral, su humildad y su media sonrisa un poco tímida. «Hasta tiene cara de Papa», suele añadir un amigo que lo admira mucho.

Cada uno espera a León XIV a su modo, con sus particulares ilusiones. Jesús dijo bien claro que «al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Así que algunos lo que esperamos es que nos ponga a mirar al cielo, según invita el lema de su visita, que nos sacuda un poco la tontuna materialista y la mala leche, que nos reafirme en que Jesús es Dios y murió en la cruz para salvarnos y en que todos los hombres tenemos idéntica dignidad y valor, por ser todos sus hijos, y por esos debemos mantener una relación fraterna. En resumen: un buen repaso moral, que siempre espabila.

Pero es imposible sustraerse de la vida práctica, de las cuestiones logísticas y sociopolíticas del país al que acude el Papa. Para ayudar a los periodistas de todo el mundo a ubicarse sobre cómo es España, la Oficina de Prensa de la Santa Sede les ha enviado una especie de guía histórica, geográfica y política, elaborada por el Dicasterio de la Comunicación. Pero leyendo ciertos pasajes del texto parece que ese día le tocó currar al becario, dados los elogios que recibe Sánchez por haber «impulsado el crecimiento económico y los derechos sociales en España».

Lo del crecimiento económico resulta al menos debatible. Las cifras del PIB son positivas (sobre todo después de que Calviño decapitase al jefe del INE para que mejorasen, según ha reconocido en sus memorias). Pero también somos el segundo país de la UE con peores tasas de pobreza infantil. El crecimiento que se destaca se basa en un fuerte dopaje con fondos europeos, despilfarro de dinero público a costa de una colosal losa de deuda y apertura de par en par de nuestras fronteras, con los consiguientes roces sociales.

Pero donde el analista vaticano se corona, y prefiero creer que lo ha escrito un manzanillo un poco zurdo que pasaba por allí, es cuando ensalza el «impulso» de Sánchez a los «derechos sociales». El Vaticano pasa por contar con uno de los servicios diplomáticos mejor informados del mundo. Por eso causa un cierto asombro que se destaquen unos «derechos sociales» que incluyen facilitar el aborto e intentar introducirlo con letra de fuego en la Constitución, aprobar una ley de eutanasia y dar luz verde a una delirante norma de cambio de sexo, que ha creado situaciones surrealistas y ha aumentado la inseguridad psicológica de muchos niños y jóvenes.

¿Cómo se puede elogiar desde el Vaticano, en ese terreno concreto, a un presidente que se ha distinguido por impulsar un férreo programa de ingeniería social profundamente anticatólico, que de hecho aspira a cercenar las raíces cristianas de nuestra sociedad? ¿Cómo se puede ensalzar a un presidente que ha aprobado unas leyes sectarias de memoria que omiten la mayor persecución religiosa de cristianos en Europa en el siglo XX, que fue la matanza de católicos en la España en los años treinta por puro odio político? ¿Cómo se le puede hacer la ola a un presidente manifiestamente anticatólico, que además ha intentado denigrar constantemente a la Iglesia con una campaña sobre los abusos –ciertamente execrables– mientras ignora por completo los que han sucedido en otros ámbitos sociales, que son mucho mayores?

La tenaz defensa del derecho a la vida en toda circunstancia de León XIV y de su predecesor Francisco, como no puede ser de otra manera en la Iglesia Católica, se da de bruces con los «derechos sociales» de Sánchez, máximo paladín de una subcultura de la muerte que lamentan y denuncian los pontífices. Así que, por favor, que alguien se lo explique al becario que ha escrito el texto (y si es un senior, entonces ya pasaría de anécdota a problema).

De cualquier manera nada va a emborronar una visita que será fuente de regocijo, reflexión y aprendizaje, e incluso una oportunidad para relajar ciertos muros de incomprensión. Así que Bienvenido León XIV a España, el país que expandió el catolicismo por el mundo y que lo sigue llevando dentro, a pesar de ciertos avances lastimosos en seudo «derechos sociales».