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La manipulación izquierdista con la palabra ultra es tan grosera, tan delirante, que le va pasando lo mismo que a la palabra facha, que provoca más risa que indignación. Y, sin embargo, hay que tomársela en serio, porque está en los principales medios del progresismo mundial y es una grave forma de desinformación. Ahora, aplicada a las elecciones presidenciales colombianas y al intento de deslegitimación del ganador de la primera vuelta, Abelardo de la Espriella.

Según el progresismo planetario, Abelardo de la Espriella es un peligroso ultra, mientras que Iván Cepeda, el candidato de Gustavo Petro, es un hombre de izquierdas defensor de los derechos humanos. Es el retrato de los medios izquierdistas europeos de los dos candidatos que van a disputar la presidencia de Colombia. Por supuesto, los anteriores medios no han hecho la más pequeña matización tras el cuestionamiento del resultado electoral que hicieron tanto Petro como Cepeda, aunque ultra fue lo más suave que le llamaron a Trump, cuando este puso en duda los resultados de las elecciones de 2020.

¿Y por qué llaman ultra a De la Espriella? Y aquí llega el delirio progresista, porque, para la izquierda, un político es ultra si quiere recortar el tamaño del Estado, si pretende luchar contra la inseguridad de su país, si critica los acuerdos con los terroristas, si cuestiona el aborto, si defiende el patriotismo, o también, si se presenta como un outsider de la política. Todo lo anterior está en los retratos de la izquierda sobre De la Espriella. También le han llamado misógino por hablar de sus genitales y de cómo atrae el voto de las mujeres, y hasta ha intervenido una juez exigiéndole rectificación, lo que entra directamente en un feminismo desquiciado que confunde vulgaridad con machismo, menos cuando lo protagoniza Bad Bunny.

El expresidente Uribe debe estar sonriendo estos días mientras escucha que ahora llaman de centro-derecha a su candidata Paloma Valencia, en tercer lugar en la primera vuelta, cuando él mismo ha sufrido las mismas campañas de insultos que De la Espriella. Uribe ha pedido el voto para De la Espriella en la segunda vuelta, dado el candidato alternativo, Iván Cepeda, ese al que califican de izquierdas, a secas, y defensor de los derechos humanos. Y es que, según el progresismo, lo anterior consiste en simpatizar con el comunismo cubano y con el chavismo; y con los terrorismos ideológicamente afines, porque De la Espriella estaría por la guerra y contra la paz por querer combatir a los terroristas, y Cepeda sería un pacifista, por buscar acuerdos con ellos.

Y luego está la polémica sobre la camiseta de la selección de fútbol que ha lucido De la Espriella en sus mítines. Le dicen que es intolerable esa apropiación de los símbolos nacionales, que es la misma indignación que suele expresar la izquierda española cuando la derecha enarbola la bandera nacional que ellos desprecian. Y es que allí, como aquí, también te convierten en ultra si defiendes los símbolos nacionales. En dos países y en dos continentes diferentes, la manipulación y la desinformación son muy parecidas y se construyen últimamente alrededor de la palabra ultra, esa que tanto le gusta a la izquierda española.