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Cuando Benedicto XVI visitó por última vez España, en agosto de 2011, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, dejó, entre otras muchas, una frase para enmarcar. Se dirigía a los jóvenes, pero era aplicable a todos los católicos: «No os avergoncéis». En un mundo tan relativista y materialista como es hoy Occidente, y España en particular, mucha gente se sonroja y no se atreve a decir que profesa la fe de Cristo. Ratzinger acertaba una vez más. «No os avergoncéis». Como atinó también acerca del error de la Iglesia Católica cuando quiere agradar a quien no cree en ella. Los viajes de los sumos pontífices dejan huella. Este la va a dejar. Juan Pablo II derribó prácticamente el muro de Berlín. Es de esperar que León XIV, sin él pretenderlo, ayudará, seguro, a abatir esos muros morales y emocionales que hoy enfrentan a los españoles.

En su primer discurso en España, como aquel «No os avergoncéis» que Benedicto dijo nada más pisar tierra española, León XIV cerró su intervención con «Dios bendiga a España». Muchos le dirán: «Falta nos hace». Estoy convencido de que detrás de esa frase habita toda una catarata de buenas noticias para nuestra nación. Este no es un viaje más. Llega en un momento especial de la sociedad española. Una España que necesita liderazgos renovadores, comprometidos, honestos. Un país que clama por una ola de moralidad en la vida pública y al mismo tiempo una concordia entre quienes habitan las más diversas orillas de nuestra vida política y social. Si Dios bendice a esa España, algo bueno ocurrirá.

Vivimos en un país espléndido. Quienes creemos, debemos dar gracias a Dios por haber nacido aquí y disfrutar de este lugar donde el mundo se llama España. Siguiendo la primera jornada de León XIV por las calles de Madrid; en el Palacio Real, en Lucero escuchando a los anónimos que luchan contra la exclusión o en la apoteósica vigilia juvenil en la Plaza de Cuzco, uno puede sentirse orgulloso de pertenecer a esta nación. Qué pena que en ocasiones nos empeñemos en la destrucción de este admirable proyecto de convivencia que es la España democrática. Bendecir es también decir cosas buenas de alguien o de algo. Es conmovedor tener muy cerca al Santo Padre y que desee que Dios bendiga a España. Con toda humildad, espero que las voces que estos días se alzan al cielo hagan de este viaje un acontecimiento inolvidable y que deje huella profunda entre los españoles y, finalmente, los muros se desplomen sin que ni un solo cascote alcance a nadie.