Llanto por una España inverosímil
Cuando el viernes Sánchez anunció que el PSOE iba a iniciar actuaciones legales contra Leire Díez, más de dos años después de los hechos que pretende denunciar y superado un año después de que se conociesen los actos que ahora anuncian demandar, lo único que aspiraban conseguir era distraer un rato la atención
Todo es increíble porque casi todo demuestra que España es hoy un enorme fracaso político. Un fracaso derivado de que los herederos del consenso constitucional por parte de la izquierda ya no creen en lo que pactaron sus mayores. Y ahí solo cuento a la izquierda. Porque por más que me repitan que el PP y el PSOE son lo mismo, solo el ciego más radical puede sostener que en España el PP y el PSOE dan verdaderamente igual. Solo lo repite machaconamente el que quiere que continúe en el poder el PSOE. Allá cada cual con su conciencia.
Dentro de la cascada de actos de corrupción infinita de los que hemos tenido conocimiento esta semana –era como conducir un bólido de Fórmula 1 intentando no tener un accidente en la siguiente curva–, a mí me ha impresionado especialmente lo que publicamos el pasado jueves en El Debate sobre los mensajes de Leire Díez con la presidenta del PSOE, Cristina Narbona.
Como muy bien explicó en estas páginas Ana Martín, en plena retirada a reflexionar de Pedro Sánchez el 24 de abril de 2024, cuando hizo el paripé ante toda España de que por amor tenía que pensar si seguía en Moncloa y dos huevos duros, la operación acoso y derribo de la Justicia por parte del PSOE ya estaba en marcha y no era Leire por su cuenta. Ella estaba en contacto con la presidenta del PSOE, Cristina Narbona. Con ella trazó líneas de actuación.
Supongo que cuando el viernes Sánchez anunció que el PSOE iba a iniciar actuaciones legales contra Leire Díez, más de dos años después de los hechos que pretende denunciar y superado un año después de que se conociesen los actos que ahora anuncian demandar, lo único que aspiraban conseguir era distraer un rato la atención sobre el inmenso putiferio en que se ha convertido España. Una España inverosímil para los que vivimos con ojo crítico la Transición y hoy la tenemos presente con inmensa admiración por más errores que se pudieran cometer en ese periodo.
¿Cuántas veces hemos vivido ya el que se hable en España por parte del PSOE de denuncias contra los que cuentan su corrupción, sus mentiras y sus trampas? Algunos somos conscientes de esto desde hace mucho tiempo. Nunca olvidaré el día de septiembre de 2020 en que en ABC publicamos el plagio de la tesis doctoral de Pedro Sánchez. Fue un día de enorme trascendencia política. No solo por la mentira en sí, sino porque después de que destituyese a su primer ministro de Cultura y Deporte, Maxim Huerta, tras siete días en el cargo, tuvo que destituir a su ministra de Sanidad, Carmen Montón, al conocerse informaciones sobre plagio, notas manipuladas, falta de asistencia a clase y convalidaciones en la obtención de su máster en la Universidad Rey Juan Carlos. En todo caso, Montón ha sido convenientemente compensada y es desde 2020 embajadora de España ante la Organización de Estados Americanos en Washington. Seis años ya. Una plusmarca.
Pero mi objetivo no es Carmen Montón. Sobre lo que yo quisiera hacer reflexionar es sobre la patética decadencia de una España inverosímil. Nuestra España constitucional, la democracia que tenemos, parece, cada vez más, un fracaso. Tenemos un gobierno que quiere dinamitar el sistema constitucional que tanto bien nos ha generado y yo ya solo veo al PP con voluntad de mantener izada esa bandera. Y ellos solos no pueden hacerlo.