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Pecados capitalesMayte Alcaraz

La Guardia Civil no merece una jefa tan incivil

Los peor pensados creen que la que fuera concejala madrileña, siempre vestida de verde para alimentar la impostura de que honra el Cuerpo que dirige, era más una infiltrada en la Guardia Civil que la responsable honesta y limpia que dijo ser

El renuncio de la directora general de la Guardia Civil, que ha arrastrado a su ministro –perito también en engaños–, es de lo más grave que ha sucedido esta pasada semana: ya no hablamos de las trolas de una experta en sentinas como Leire Díez, sino de los embustes de la titular de una de las instituciones más queridas y respetadas por los españoles, fundamental para la seguridad pública y el Estado de derecho. Mercedes González traía de fábrica lo de ensuciar los cargos a los que ha accedido gracias a Pedro Sánchez. A medida que las conclusiones de sus propios subordinados de la UCO y del instructor Pedraz avanzaban, escritos en un demoledor sumario, su versión de que nunca se había visto con la fontanera de Cerdán se desdibujaba. Y con ella, la que mantenía el propio ministro Marlaska, que pocas horas antes negaba los encuentros. Hasta que la Dirección General del Instituto Armado cambió de versión y reconoció las citas –mínimo tres–, y el ministro ya no tuvo escapatoria.

Al jefe de Interior no le quedó más remedio que reconocer que había sostenido una mentira, una más de las que durante estos ocho años llevan su firma, aunque se escondió tras una fórmula muy curiosa. Admitir lo que consolidaba el auto –que detectó las citas entre Mercedes y Leire gracias a la geolocalización del teléfono móvil de esta última cuando ya estaban investigando sus movimientos–, pero matizando que González no se vio con Díez para hablar «contra la UCO» y de la trama de corrupción. Quizá quiere que creamos que hablaron de las próximas rebajas de julio de El Corte Inglés. Es verdad que, si hubo presiones, si, como parece, se abrieron expedientes contra los funcionarios que indagaban sobre los casos que afectan al presidente del Gobierno, los agentes de la UCO no se dejaron coaccionar. Eso es justo lo que nos salva de los González, los Marlaska y los Sánchez.

La directora es íntima amiga de su mentor, Pedro. Ella fue número dos de la penosa lista de Pepu Hernández al Ayuntamiento de Madrid en 2019 y escogida por su amigo como delegada del Gobierno en Madrid. Durante su etapa en la capital, se dedicó a enfrentarse, en nombre de su padrino, con Ayuso, a la espera de que fuera premiada por su labor de escudera del PSOE en la Comunidad que gobierna el PP. Así llegó a jefa de la Benemérita en marzo de 2023, sustituyendo a María Gámez, que tuvo que dimitir por un caso de corrupción que afectaba a su marido y que estaba conectado con los ERE. Suma y sigue. Así que ahí estaba la solícita Fernández, que fue designada directora general en marzo de 2023 y solo unos meses después, acreditando una falta de respeto por la institución clamorosa, abandonó el puesto para entrar en la lista de Pedro al Congreso. La sustituyó Leonardo Marcos, al que Koldo acusó de haberle dado el chivatazo de que la UCO le pisaba los talones, y ella, pintiparada, dejó el escaño y volvió a dirigir el instituto armado. El desdoro para la institución no podía ser más explícito.

Pero Mercedes tenía que demostrar que, con ella, su líder estaba a salvo. De tal forma que, según la policía judicial, la responsable de la Benemérita encadenó expedientes internos contra los miembros de la unidad que investigaban las cloacas de Leire, dedicadas a intentar tumbar los procedimientos de corrupción que cercaban a Sánchez y los suyos. Tanto, que González se vio al menos en tres ocasiones con la reina de las cañerías socialistas. Los peor pensados creen que la que fuera concejala madrileña, siempre vestida de verde para alimentar la impostura de que honra el Cuerpo que dirige, era más una infiltrada en la Guardia Civil que la responsable honesta y limpia que dijo ser. Su fervor por Pedro, el Supremo Líder al que le debe todo, puede haberla desviado de la misión para la que la designaron. Desde luego, la Benemérita no merece una jefa tan incivil.