Fundado en 1910
Ojo avizorJuan Van-Halen

La silla de Pedro

León XIV ocupa dignísimamente la silla de Pedro, el primer Papa, y lo único que evidencia el otro Pedro, Sánchez, «P.S.», el «número uno», es que es capaz de todo, incluso de engañarse a sí mismo, en una especie de conversión falsa, por conservar su silla. Esa silla le libra, de momento, de ser procesado

Una de mis mayores satisfacciones es haber conocido a un santo. Hablé –mejor: escuché más que hablé– con Juan Pablo II, santo desde 2014. Al Papa Wojtyła se le debe, entre tantos bienes, uno para mí fundamental: su contribución decisiva al fin del comunismo en Europa con el colapso del bloque soviético y la caída del Muro de Berlín. Por su claridad, el Papa Prevost, primer norteamericano en ocupar la silla de Pedro, de antepasados maternos españoles, recorre ese camino excepcional con poco más de un año de pontificado.

En su viaje a España, seis días incansables, ha mostrado su aprecio a nuestro país y el conocimiento de nuestra cultura con referencias a la Escuela de Salamanca, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Cervantes y Unamuno. Destacó la importancia de España y de la lengua que hablan 630 millones de personas en el mundo y «une continentes» y de nuestra «tradición cultural, jurídica y espiritual que ha sabido poner en diálogo fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad». Y reclamó el «respeto a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación». Muy lejana esa memoria histórica deseada por el Papa de la memoria histérica, no histórica, que padecemos gracias a Sánchez y a Zapatero, su imputado ejemplo.

Ante el Parlamento defendió la vida que «debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia». Una parte de quienes le aplaudieron durante siete minutos quieren incluir el aborto como un derecho en la Constitución y sólo unas horas después fortalecerían con su voto el camino de la eutanasia. A Sánchez le acompañaron 14 ministros en Barcelona. En Madrid, no. Elude toda celebración cristiana –pero felicita el Ramadán– y evita reconocer los valores religiosos. Se proclama ateo, aunque ahora le convenga enmascararse. Recurre a «funerales de Estado», como aquel hueco acto laico con tufillo masónico.

En Cataluña, León XIV también habló de unidad y visitó la abadía de Montserrat. «La Moreneta siempre me ha acompañado», dijo. El Papa pudo ver La Moreneta porque los benedictinos de 1936 la escondieron; los milicianos iban a destruir la imagen. León XIV conoce la historia de los 23 benedictinos asesinados, entre ellos el prior, mártires de Montserrat, beatificados por el Papa Francisco. La ceremonia fue el 13 de octubre de 2013. También fueron beatificados otros 18 benedictinos y hasta 522 asesinados en la Guerra Civil por su fe. El 23 de enero de 1939, ante el avance de las tropas de Franco, las milicias izquierdistas –ahora se diría progresistas– ordenaron «volar todas las instalaciones». La Providencia evitó que la Abadía fuera dinamitada. Es memoria histórica.

En la misa de la Sagrada Familia habían preparado una charlotada independentista. Los integrantes del coro llevaban en sus partituras la recomendación: «Al terminar el Virolai, los que queramos cantaremos Els Segadors». Y se anunciaba: «en el Mutis final gritaremos ¡independència!». Avisada, la policía desalojó el coro.

Otro acto relevante del Papa fue el del Puerto de Arguineguín, Mogán, a cuya alcaldesa, Onalia Bueno, Sánchez ignoró en momentos difíciles. Lo tiene claro: «Pedro Sánchez no merece estar en el muelle de Arguineguín». Pero allí estaba junto a León XIV, que dijo a los migrantes: «Ustedes no son números ni experiencias, son personas», añadiendo que había que controlar las fronteras, pero con caridad a los seres humanos.

El viaje contó con algunos coletazos horteras. Fue ridículo que Miriam Nogueras hablase al Papa en inglés. ¿De dónde cobra? Y actuaciones de los bufones de siempre. Puente destacó la «creatividad y buen gusto» en Barcelona contrastándolos con el desastre de Almeida y Ayuso en Madrid. López, en la entrega de un premio al condenado García Ortiz, aseguró: «Hay jueces que prevarican». Lo evidente es que hay importantes políticos de su partido que roban.

León XIV ocupa dignísimamente la silla de Pedro, el primer Papa, y lo único que evidencia el otro Pedro, Sánchez, «P.S.», el «número uno», es que es capaz de todo, incluso de engañarse a sí mismo, en una especie de conversión falsa, por conservar su silla. Esa silla le libra, de momento, de ser procesado.