Inquisición interconfesional: Lamin -que no es Yamal- y el ex alcalde Cifre de Santa Margarita, contra el show de Madò Pereta
Al parecer, no les gustó que en el transcurso de un show de dos horas de duración el personaje creado por Joan Carles Bestard dedicase 15 minutos al mundo de la política para criticar el repugnante pastizal en el que se ha convertido el PSOE
Un tal Lamin, que no es Yamal, y un viejo carcamal de la política socialista en Santa Margarita en posesión de varios «Oscars al Resentimiento», han embestido con furia inquisitorial contra Joan Carles Bestard, el sobrino de «Madò Pereta», a cuenta de un espectáculo de revista que cerró los festejos de la santa Patrona en la villa de Joan March y Joan Mascaró. Al parecer, no les gustó que en el transcurso de un show de dos horas de duración el personaje creado por Joan Carles Bestard dedicase 15 minutos al mundo de la política para criticar el repugnante pastizal en el que se ha convertido el PSOE, el desmierde de Zapatero y Sánchez, lo de Leire y compañía, el caso del hermanísimo, todo eso. Uno de los motivos de sus feroces críticas contra Bestard es el de lo que ellos denominan: «utilización de fondos públicos» para, según dicen, insultar a líderes políticos. Manda eggs, como diría Trillo: tienen en la cárcel a un exministro y a su tropa de mangantes que gastaron ingentes cantidades del dinero de todos en contratar a «señoritas de compañía» -qué fino soy, ¿verdad?- y ahora les preocupan las retribuciones que pueda haber recibido un actor mallorquín que trabaja para ganarse la vida en el sano y constitucional marco de la libertad de expresión. Me pregunto si se puede ser más lerdo.
Estan agarrándose a un clavo ardiendo. La última, una secretaria de Estado de Turismo que apoya una manifestación antiturística
Ya puestos, el diputado -margalidà de adopción y saharauhi de orIgen- y su veterano mentor califican de «machista» el show de Madò Pereta por el hecho de que en el mismo apareciesen bellas señoritas mostrando sus extremidades inferiores. Supongo que Miquel Cifre, que ese es el nombre del ex alcalde carcomido por el resentimiento y la mala leche, si lo sabré yo, no pertenece a la orden de los lefebvrianos ni es especialmente conocido por su fervor en la defensa del decoro y las buenas costumbres. Es cosa sabida que en los espectáculos del género conocido como «revista» no aparecen precisamente actrices ataviadas al estilo de las señoras y señoritas puritanas, dignas herederas de las que viajaron en el May Flower. A este paso vamos a ver a Cifre -y a tantos otros socialistas reconvertidos a la filosofía woke- presidiendo la procesión del rosario de la aurora. Hemos contemplado ya tantas cosas, caballero.
Un querido amigo columnista comentaba el otro día que la izquierda en general se apuntó a la democracia al empuje de los vientos liberalizadores que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Pero comunistas y socialistas -señalaba- nunca habían sido demócratas, jamás en la vida, y ahora que el orden mundial establecido en 1945 se ha derrumbado como un castillo de naipes, pues que ha vuelto a aflorar el verdadero rostro de la izquierda: libertad de expresión solo para los afectos al régimen, manipulación del pensamiento de los ciudadanos acorde con los valores marxistas, culto al integrismo y, por supuesto, persecución del pensamiento liberal, burocracia por arrobas y persecución del disidente. Eso se entiende mejor en un personaje como Omar, procedente al fin y al cabo de un régimen totalitario y acogido con todos los honores en el círculo más íntimo de Armengol. Lo de Cifre es aún más fácil de explicar: quienes le conocimos en tiempos pasados ahora nos hacemos cruces del malhumor que le corroe por dentro, de la envidia que le provocan los triunfos ajenos y, en general, de su conversión a la izquierda más integrista e intolerante.
Lo escribí el otro día y me temo que tendré que repetirme: están, esos chicos y chicas, agarrándose a un clavo ardiendo. La última -ajena por completo al esperpento de Omar y Cifre- el caso de una secretaria de Estado de Turismo que apoya una manifestación antiturística. Parafraseando a Obelix: están locos, esos socialistas. O desesperados, que puede ser peor.