Marlaska, de juez respetado a patético pelele de Sánchez
Marlaska es el espécimen prototípico del sanchismo, conformado a su imagen y semejanza por el sumo hacedor del mismo y fiel reflejo de sus mas señeras cualidades: la mentira, la impostura, la traición descarnada a valores y deberes y la propaganda como antídoto contra los hechos y las evidencias
Hubo un tiempo, no hace mucho, en que hubo un juez respetable y respetado llamado Fernando Grande-Marlaska. Le avalaba una trayectoria honorable y comprometida como firme servidor de la Justicia y su firmeza cuando hubo de lidiar con los asesinos de la banda terrorista ETA. Cuando Pedro Sánchez lo nombró ministro tras ganar la moción de censura en calidad de independiente se percibió como una señal alentadora. Hoy es un patético pelele de Sánchez
Dentro de unos meses van a cumplirse los ocho años que median entre una cosa y la otra. Marlaska, junto a Margarita Robles, ministra de Defensa, son los únicos supervivientes de aquel primer Ejecutivo, que tenía como poderoso referente a José Luis Ábalos Meco y que hizo dimitir, cuando apenas llevaba una semanas en el cargo por una nadería ya saldada con Hacienda, al bueno de Maxim Huerta, al que al cabo se le hizo gran favor con ello. Hoy Ábalos está en la cárcel, hay 130, entre cargos gubernamentales y orgánicos del PSOE, imputados y el propio hermano del presidente, habitual residente en la Moncloa y recurrente invitado veraniego en La Mareta, condenado por unanimidad de la Audiencia Provincial de Badajoz, y se defiende y enaltece a un tipo al que le han pillado un botín oculto de joyas y piedras preciosas porque se llama Zapatero y es el gurú del jefe y se insulta a los cinco jueces de Madrid porque han osado abrir juicio oral contra la augusta esposa del susodicho.
La orden es que «aquí no dimite nadie» y el que menos Marlaska, aunque hayan invadido Ceuta más de 72.000 personas casi tantos como la población total de la ciudad, sin que él, aparte de balbucear excusas y mentiras y paralizado antes y durante la invasión, hiciera nada, pero que nada de nada, por evitarlo.
El otrora juez convertido en un patético pelele y esbirro predilecto del supremo 'Puto amo' para quien no ahorra medios y áreas de exclusión marítima, muy superiores en extensión y sobrada de efectivos, a las de la ciudad amenazada, conmocionada y lejos aún de normalidad alguna, para garantizarle a su amo la máxima tranquilidad y la más placentera y blindada holganza veraniega. Y que como mejor definición de sí mismo y en lo que se ha convertido, ha dejado como colofón de lo sucedido y pretendido cierre de la crisis la frase que define su inanición, irresponsabilidad y calaña: «Son cosas que ocurren».
Cerca de ochenta muertos ya en la morgue ceutí que con los recogidos en Marruecos, se acercan ya a los 150 en total, una frontera violada, una ciudad tomada, una población atemorizada, miles todavía de intrusos pululando por ella decididos a quedarse y la amenaza de un nuevo asalto el próximo día 15 asaltantes son eso, «cosas que ocurren» y en las que él, este gobierno y, por supuesto su presidente, no tienen responsabilidad alguna ni el más mínimo deber de evitarlas.
Marlaska es el espécimen prototípico del sanchismo, conformado a su imagen y semejanza por el sumo hacedor del mismo y fiel reflejo de sus mas señeras cualidades: la mentira, la impostura, la traición descarnada a valores y deberes y la propaganda como antídoto contra los hechos y las evidencias.
Sánchez corrompe todo cuanto toca y a todos a quienes acaba por convertir en servidores y auxiliares de su ambición desesperada de continuar asido al poder, su único y verdadero objetivo. Ahora Marlaska, unida por completo su suerte a la suya, miente por él y, aunque lo hace peor y más zarrapastrosamente, se aplica con entusiasmo en ello.
No sabía nada ni le avisó nadie. Falso. Lo hicieron desde muchas instancias y las entradas por mar llevaban días aumentando exponencialmente, había ya dos muertos previos a la enorme avalancha y hasta él mismo se había comprometido a instalar tres semanas antes y de inmediato la barrera de boyas que no se puso y ya sí, y en tan solo unas horas, cuando la tragedia se había consumado. Por no hacer, ni ordenó cerrar la frontera y durante más de ocho horas permaneció inerte. Ahora se dedica a contarnos los que entraron y los que salieron y de una frase a otra, se desmiente a sí mismo, habiendo llegado a proclamar que se marcharon más incluso de los que habían entrado. La realidad es que unos 6.000 permanecen allí y se niegan al regreso.
Marlaska, descuiden, no asumirá responsabilidad, otra indeleble marca de la banda de Sánchez. Dimitir ni se le pasa por la cabeza. De hecho ahí tiene a los dos máximos mandos de la Guardia Civil, su directora general y el DAO, imputados por la Justicia, señalados por intentar parar y desmochar a la UCO en los casos que pudieran perjudicar al Gobierno, atornillados al cargo y presidiendo desfiles en el esperpento mayor que pudiera imaginarse. Lo hace porque sabe que él será el siguiente y lo hubiera ya sido caso de no ser ministro, estar aforado, tener que pasar la causa al Supremo y pedirse suplicatorio al Congreso de los diputados. Pero llegará, no lo duden. La cuenta atrás comenzará a correr con rapidez en cuanto asome septiembre. Eso si 'El Rey de la Mareta' no echa cuentas y considera que ya le resta y le da una puerta. Me da que no. Sabe «cosas», muchas y morunas cosas. De aquel juez ya no quedan ni las raspas.