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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

¡Mirad al cielo, ciegos, y no observéis el eclipse español

Bien haría el PP en darle una pensada a la iniciativa de Vox de activar la tramitación de la acusación contra Sánchez por traición. Aunque no prosperara al exigirse mayoría absoluta del Congreso y proveerse sus socios de los huevos de oro de la gallina monclovita, ello supondría un aldabonazo mayor y mejor que una moción de censura

Mientras España se deja trajinar por Marruecos tras tomar temporalmente Ceuta y colonizar por China que se adueña de sus comunicaciones estratégicas y sus puertos en un proceso acelerado que circula sobre las ruedas de sus compañías automovilísticas bajo marcas antaño europeas, un émulo de ambas satrapías a los que supedita su diplomacia como Pedro Sánchez pone a los españoles a mirar el cielo para que avisten este miércoles el eclipse solar y se olviden del gran apagón patrio. Si hace un siglo los españoles de aquellos felices años veinte que se alejaban de la Gran Guerra europea y se acercaban sin cavilarlo a la II Guerra Mundial se ciñeron a un mayúsculo «oh, oh» salpimentado con peregrinas profecías, el Gobierno español lleva un año —comisión interministerial incluida— montando este gran espectáculo de hoy para que, con Sánchez en el palco de honor, los españoles se ensimismen un rato y pasen página camino a otra catástrofe de las que concita este ochenio ominoso.

Todo ello sin que el Parlamento finja siquiera que fiscaliza al Ejecutivo y sin que la ciudadanía se movilice más allá de las protestas de la buena gente de Ceuta consciente de su precario porvenir al aguardo del siguiente pagaré al sultán. En cualquier democracia, una deserción como la de Sánchez hubiera originado la inmediata defenestración del presidente del Consejo de Ministros. Sin embargo, aquí se recompensa el mismo con unas vacaciones de marajá usufructuando los medios humanos y materiales que le restan a la protección de la población caballa asediada por la marea azul urdida por la Inteligencia marroquí o a combatir el narcotráfico en las costas meridionales donde sus clanes de delincuentes hacen su agosto todo el año cobrándose la vida de guardias civiles de cuyos entierros se ausentan las autoridades que los abandonan a su suerte.

Sin duda, su abuso de poder contrasta, por ejemplo, con la primera ministro italiana, Giorgia Meloni, cuyo asueto estival junto a su hija en Cerdeña, lo sufraga de su pecunio, como todo quisque, corriendo con los gastos de ferry —nada de Falcon para cruzar de acera—, hotel, actividades recreativas o pitanzas. Como su colega danesa la socialdemócrata Mette Frederiksen, la otra madona de la Unión Europea contra una inmigración despendolada y sin control que compromete el Estado del bienestar y la convivencia en la Europa cuya presidencia ejerce la tita de Sánchez, Úrsula von der Leyen. En su abstemia, la alemana enamorada del Petronio de la Moncloa se licúa, difuminándose. Evoca aquello de Churchill: «Un taxi vacío se detiene ante el 10 de Downing Street y de él se apea Clement Attlee».

Para enajenarse de todo ello y que los ciegos biológicos engrosen los ideológicos, el Gobierno ha dedicado más recursos y empeño al avistamiento del eclipse solar que a custodiar sus fronteras. De hecho, opera como con el gran apagón de 2025 que le fundió los plomos a España entera para intentar presumir de que las energías alternativas garantizaban por sí mismas el suministro. Aquel gatuperio procuró soslayarlo esgrimiendo un falaz ciberataque para que, a la postre, los consumidores carguen con el mochuelo del sobrecoste en la factura de la luz. De esta guisa, España es a lo grande aquella ciudad alegre y confiada de la novela del Nobel Jacinto Benavente, cuyos gobernantes pleiteaban sobre si debían pactar con la República de Venecia o guerrear contra el dux, mientras sus crédulos moradores se desentendían subyugados a quienes despreciaban su futuro. Es lo que acaece en la nación con quien no sólo abdica de su deber principal, sino que abre el portillo de la traición a sus conspicuos enemigos.

A este fin, debido a su doble servilismo intramuros y extramuros de España, así como la captación partidista de las instituciones, Sánchez ha convertido la Constitución en papel mojado que no vale ni el pergamino en que fue escrita fruto del consenso de todas sus fuerzas políticas a diestra y siniestra en lo que entrañó un hito contemporáneo. Diríase, permítaseme la hipérbole, que sólo rige —como bromean los infaustos congoleños— el artículo 15 de la Carta Magna que establece simple y llanamente: «Débrouillez-vous» («Arregláoslas como podáis»). Por ese simbólico artículo 15, Sánchez acredita que un tirano no es sólo quien carece de legitimidad para ejercer la gobernación, sino también quien profesa ignorancia de las leyes en su provecho importándole una higa la nación, así como su sistema democrático. Cuando Sánchez blasona de «hacer de la necesidad virtud», hay que entender esta última en la acepción maquiavélica de capacidad para asaltar el poder y aferrarse a él como fuere.

Pero el tirano, como apostilla Juan de Mariana, «todo lo atropella y lo tiene por suyo». Incluido el Rey Felipe VI al que, después de trasmitir al presidente ceutí, Juan José Vivas, su deseo de cursar el viaje que no ha efectuado en todo su reinado por veto gubernamental, sufre el acoso del Gobierno. Así el simpar ministro Óscar Puente tilda, con su energumenismo característico, de «absoluta ignominia» que el monarca salude en Cali a un propio español coincidiendo con la toma de posesión del presidente colombiano Espriella. Retuitear un perfil anónimo de la red social X reclamando «¡República ya!», refleja la calaña del titular de Transportes en su perruna obediencia a aquel que tiene por «Puto Amo»! Quien atesora la responsabilidad política de los 47 muertos de la catástrofe ferroviaria de Adamuz sabe que su pervivencia en el Consejo de Ministros no estriba en su gestión sino en su sometimiento a quien lo designó al juzgar Sánchez menos gravoso mantener al inepto que cesarlo al perder menos votos –a las encuestas hay que remitirse con ese alto suelo del PSOE– sosteniéndolo que depurando su incompetencia criminosa.

En suma, poniendo del revés el argumento de la película de éxito «No mires arriba» en la que la Casa Blanca busca ocultar el aterrador hallazgo de una pareja de astrónomos de un colosal meteorito que amenaza con arrasar la Tierra y distrae a la gente para que no levante la cabeza del suelo, aquí un estupefaciente Sánchez pretende camuflar lo que está a ras de tierra como la inseguridad de Ceuta y su insalubridad —como en la ciudad costera argelina de Orán de «La peste», de Albert Camus—, mientras sus aborígenes maduran un éxodo ante tal desamparo.

En esa situación término, bien haría el PP en darle una pensada a la iniciativa de Vox de activar la tramitación de la acusación contra Sánchez por traición. Aunque no prosperara al exigirse mayoría absoluta del Congreso y proveerse sus socios de los huevos de oro de la gallina monclovita, ello supondría un aldabonazo mayor y mejor que una moción de censura cuyo fracaso sólo revertiría en una moción implícita de confianza a Sánchez sin someterse a ella. En todo caso, el peor error que podría cometer Feijóo es tener miedo a cometer uno y eclipsarse mirando el cielo cuando, a veces, al borde del abismo, uno afirma su verdadera fuerza. Empero, conociendo a Feijóo preferirá aguardar a las elecciones si no le meriendan las urnas con el reemplazo del censo electoral y la muchedumbre de nuevos ciegos con el eclipse solar aumentando. Si los enfermos creían más al sofista Gorgias que a su hermano médico, otro tanto cabe presuponer con este eclipse con los avisos de los oftalmólogos cayendo en saco roto ante la propaganda gubernamental.