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La antipolítica que corroe a las democracias me preocupa, y me irrita, desde mucho antes de entrar yo misma en política. Y no tiene visos de aplacarse; todo lo contrario, porque las redes sociales, que han amplificado las posibilidades de participación ciudadana en política, también han intensificado algunos problemas como éste. Un buen ejemplo es el de algunas reacciones en las redes a la entrevista en El Mundo este lunes de Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso.

Ester Muñoz es una de las grandes revelaciones políticas de los últimos años, evidente también para quienes no compartan las ideas del PP. Posee esa cosa tan difícil de definir y tan escasa que se llama carisma. Es una oradora brillante, con una inteligencia aguda y rápida que entra sin miedo al cuerpo a cuerpo en los debates, y que, además, conecta con la gente. Y, sin embargo, le llovieron algunos palos de la antipolítica tras su entrevista por una respuesta al periodista Iñako Díaz-Guerra, que le preguntó por su oponente preferido en los debates. Los primeros palos lo fueron desde las redes controladas por el vicepresidente Carlos Cuerpo, en una muestra de que la antipolítica es, en primer lugar, una responsabilidad de los propios políticos.

Ester Muñoz dijo lo evidente de Carlos Cuerpo, que es una persona robótica, repetitiva e incapaz de confrontar lo que le dice. Totalmente de acuerdo. A Cuerpo le han construido una falsa imagen de inteligencia y consistencia que es incapaz de demostrar cada vez que abre la boca. Ahora bien, es inquietante comprobar que, cuando se le critica, cientos de cuentas falsas de la red X saltan a intentar destrozar al crítico. Me pasó a mí misma, cuando alerté sobre las llamativas irregularidades de su tesis doctoral publicadas por Okdiario. También saltaron al cuello de Ester Muñoz las mismas cuentas falsas, con patéticas y ridículas afirmaciones sobre la «superioridad oratoria» de Cuerpo, es decir, guerra sucia dialéctica manejada por el poder político, y no menos grave por mucha risa que provocara.

Pero hay otra parte de la antipolítica que proviene de la sociedad civil, en este caso, con las sorprendentes críticas a la segunda parte de la respuesta de Ester Muñoz, a su afirmación de que disfruta debatir con oponentes inteligentes como Bolaños y Rufián. Con gente enfadada porque reconociera alguna cualidad en los oponentes políticos, como si el reconocimiento de cualidades ajenas debilitara los propios principios. O como si la política tuviera de significar destrucción del otro. Es posible también que estos mismos críticos sean los que se quejan de lo que llaman falta de nivel intelectual en la política, porque la antipolítica es así, cuestiona una cosa y también la contraria, como si la inteligencia y la oratoria brillante fueran posibles sin respetar y admirar una cosa y la otra. Y como si la inteligencia y el respeto por la persona fueran incompatibles con la defensa de principios sólidos y fuertes. Afortunadamente, son compatibles, a pesar de la antipolítica.