Miguel Ángel Blanco no se borra
Creo de la máxima importancia llamar a los que tienen hijos de 30 o menos años a que empujen a sus hijos a ver este documental. En España se ha borrado la historia de ETA. Los herederos de los terroristas son presentados hoy como gentes de bien
He visto con mucho retraso, aprovechando el tiempo libre que te deja el verano, el espeluznante documental Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo. Creo que nunca en mi vida se me saltaron las lágrimas tantas veces viendo un programa de televisión. Y como muy bien aporta el Rey en su testimonio de lo que vivió como Príncipe de Asturias, es muy importante nunca perder la memoria. Porque –y esto lo digo yo– si no tenemos memoria no somos nada.
El documental que emite Netflix lo ha dirigido Jon Sistiaga –a quien no tengo el gusto de conocer– y se ha emitido 29 años después del asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua. No es una cifra redonda, pero 29 son los años que tenía Blanco cuando ETA lo asesinó. Y la edad que tenía el hoy Rey de España. No está mal buscada la fecha de emisión.
Creo de la máxima importancia llamar a los que tienen hijos de 30 o menos años a que empujen a sus hijos a ver este documental. En España se ha borrado la historia de ETA. Los herederos de los terroristas son presentados hoy como gentes de bien por un gobierno que quiere convencernos de que no hay que borrar la supuesta huella del franquismo, pero que los terroristas de ETA son gente de bien que pueden decidir sobre el futuro del común de los españoles.
Las 48 horas que recoge este documental fueron un golpe inmenso para la sociedad española. Aunque me da un poco de vergüenza contarlo confieso que la noticia del secuestro me sorprendió en República Dominicana, con mi hoy difunta mujer Clara Isabel, embarazada de siete meses de nuestro segundo hijo y con nuestra hija de casi dos años. Vivimos aquel chantaje al Gobierno de España verdaderamente estremecidos por medio de TVE Internacional. Las imágenes de las manifestaciones por toda España, la multitudinaria de Madrid –probablemente la mayor de nuestra historia– y especialmente la de Bilbao encabezada por el Príncipe de Asturias y, a su lado, el presidente del Gobierno quedarán en mi memoria para siempre. Pero no están en la memoria de la siguiente generación.
Esos hijos que me acompañaban en República Dominicana son hoy ciudadanos de pleno derecho que pertenecen a una generación a la que nuestro gobierno intenta ocultar una realidad muy cercana. Una realidad en la que desde la democracia se asesinó a gentes de bien que no tenían más culpa que no pensar como sus asesinos, ¡sólo faltaba! Una generación a la que le han construido un relato falso, pero muy cómodo. Un relato en el que, como decía Summers «To er mundo é güeno». Pues no.
Quien quiera conocer la realidad, la sangre con la que se ha construido nuestra democracia desde 1979, tiene que ver este documental de Jon Sistiaga. Y que no haya lugar a equívoco. Sistiaga se centra en un asesinato nada más. Pero hubo otras 863 personas asesinadas por estos criminales, además de las que fueron heridas y sufrieron patologías incurables tras ser secuestrados. Esa es la verdad que este gobierno que permanece en el poder gracias a los herederos de ETA quiere ocultarnos. Por lo que puedan valer estas líneas.