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en el recuerdoAlfonso Ussía

Los aforados

En España están aforados todos los miembros del Gobierno, los diputados y senadores, los presidentes y consejeros autonómicos, jubilados etarras, los magistrados del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo y alguno más

Deseo darme de alta en la relación de Aforados. Ayer acudí a Santander, y visité la Delegación del Gobierno. Me recibió una funcionaria con evidentes muestras de hastío. –Me quiero aforar; –De acuerdo, pero antes debe decirme qué es usted para que su aforamiento sea legal, viable y justo; –oficialmente no soy nada, pero me considero apto; -eso lo tenemos que considerar nosotros. Fui despedido de la Delegación del Gobierno.

Lo intenté en la sede del Gobierno de Cantabria, en el Ateneo de Santander, en el Real Club Marítimo, en Decathlon y en el almacén principal, ya en las afueras, de latas de anchoas. Nada que hacer. Sólo en Decathlon me ofrecieron gestionar mi solicitud de aforamiento si adquiría una mesa de ping-pong, cuatro raquetas, tres estuches de bolas y unas zapatillas para hacer senderismo. Un precio excesivamente alto. En principio me negué, pero estoy dándole vueltas al asunto.

Los aforados son unos privilegiados que para ser imputados o juzgados, se saltan todas las instancias judiciales hasta el Tribunal Supremo, siempre que el Congreso de los Diputados lo apruebe por mayoría. Me dejé llevar por la información precisa al respecto, y la situación en España y Europa es la que sigue. En Francia, hay 21 personas aforadas. En Italia y Portugal, una. En El Reino Unido y Alemania, cero patatero. Y en España, 17.621 de personas que gozan de los beneficios del aforamiento. ¿Cómo puede haber tantas? Entre ellas, no figuran ni la Princesa de Asturias ni la Infanta Sofía, como es obvio. En España están aforados todos los miembros del Gobierno, los diputados y senadores, los presidentes y consejeros autonómicos, jubilados etarras, los magistrados del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo y alguno más. Pero sumando, no se llega a los 17.621 ni por asomo. ¿Están aforados los entrenadores de los equipos de fútbol de la Liga Santander? ¿Están aforadas las muestratetas de Femen? ¿Está aforada la niñera? ¿La rubita de Ábalos? ¿La señora de Sánchez, los padres de la señora, las hijas de la señora, los amigos gorrones y los antiguos jugadores de baloncesto que compitieron con Sánchez y sufrieron en sus carnes lo petardo que era Sánchez encestando? ¿Están aforados los periodistas que trabajan en los medios de comunicación sobornados con ayudas de dinero público? ¿Son aforados los delincuentes condenados del separatismo catalán? Sigo sumando, y no me salen los números.

Ya me lo decía mi querida y difunta madre: «En España, hijo, lo fundamental es estar aforado. Si un día te da por robar, entre los papeleos intercambiados por instancias judiciales y el exceso de trabajo pendiente del Tribunal Supremo, pueden transcurrir diez años. Si robas 500 euros, aunque estés aforado, puedes terminar en la cárcel. Pero si robas 600.000.000 de euros, como el PSOE en Andalucía, entre los trucos legales y el revuelo del capotilllo, el delito prescribe. Y si robas 300.000.000 de euros, como los Pujol, y heredas una fortuna inventada, no sólo prescribe el delito sino que te organizan homenajes con discurso a los postres y entrega de bandeja de plata grabada ante mil empresarios catalanes puestos en pie. Afórate, Alfonso, para que pueda morir tranquila».

Me pregunto. Si en España hay 17.621 aforados, ¿qué importa que seamos uno más? Me gusta más el 17622 que el 17621. Sólo es necesario un requisito. Ser LGTBI, marroquí, Mena, o simplemente partidario del Gobierno. Y por mucho que lo he intentado y lo intento, no he logrado reunir condiciones para ser admitido en una de las cuatro opciones. Lo cual a fuer de sincero, me preocupa sobremanera.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 2 de septiembre de 2021