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Hay numerosos ejemplos de que este país se echó a perder moralmente hace tiempo. No hace falta abundar. Existe una desmesura en torno a ciertas reivindicaciones que contrastan con la abulia que producen otras seguramente más necesarias. En España se han manifestado por el sacrificio de un perro e incluso se ha querido erosionar al alcalde de Madrid por la muerte de un pato. Seguro que se acuerdan: el ayuntamiento organizó una mascletá en Madrid Río (podemos debatir sobre su necesidad) y la izquierda aseguró que esta había provocado la muerte de varios animales, aportando como prueba fehaciente la foto de un pato muerto que, según se demostró, había fallecido bastante antes del festejo.

Estos ridículos se producen a menudo con cuestiones mucho más serias. En septiembre de 2021, un joven de 20 años denunció una agresión homófoba en Malasaña (Madrid). Según el atestado, el joven fue atacado por unos encapuchados que le hicieron un corte en el labio y le grabaron la palabra «maricón» en el glúteo usando un objeto punzante. En ese momento, Pedro Sánchez convocó una reunión urgente de la Comisión de Seguimiento del Plan de Lucha contra los Delitos de Odio. La intención del presidente, dijo entonces la ministra portavoz, era activar mecanismos para evitar agresiones de este tipo, que merecen «el máximo reproche social y político». A las pocas horas, el denunciante reconoció que todo era mentira, que no hubo tales encapuchados y que las marcas se las hicieron unos amigos con su consentimiento. Tres meses después, fue condenado al pago de una multa por el Juzgado de Instrucción n.º 52 de Madrid. Sirvan estas dos muestras, pequeñas y recientes, para comprobar el disparate en que vivimos.

Hace diez años, se armó toda una industria del feminismo aprovechando una repugnante agresión en los Sanfermines: la de La Manada. Desde entonces, se han adjudicado puntos violeta (bajo sospecha de ilícito), se han creado observatorios, se ha aprobado incluso un Plan Estratégico de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres (2022-2025) dotado con 20.319 millones de euros y, sin embargo, no se ha visto una reducción sustancial de la violencia contra la mujer. Es más: si en el año 2018 el número de mujeres víctimas de violencia de género fue de 31.286 (según el INE), en 2025 fue de 33.373. No hay mejoría.

En los últimos 20 días, desde que se produjo el asalto a la frontera de Ceuta, varias mujeres han sufrido agresiones sexuales. La cifra más prudente, la de la Consejería de Salud de Ceuta, habla de al menos cinco, aunque la Fiscalía tiene registradas unas 13 denuncias. Es decir, que en el 'mejor' de los casos vamos a una agresión cada cuatro días. ¿No hay feministas en Ceuta? ¿No hay ni un euro de esos 20.319 millones que anunció Igualdad para proteger a estas jóvenes? ¿Dónde está esa cofradía del puño morado que sale en procesión cada 8 de marzo? ¿No será que hay víctimas (y agresores) de primera y de segunda?