De la pistola a la boda
Pero los tiros no van por ahí, sino por el primer supuesto. Iglesias, gran amigo de Otegui y defensor de la ETA, conoce a la perfección la utilidad de las pistolas cuando se disparan sobre nucas desprevenidas y limpias
Se ha lucido Pablo Iglesias en su primer artículo. Me han enviado el texto. No he podido completar su lectura. Se trata de un rollo pedante, un tostón. Para llamar la atención, la ilustración ha constituido un éxito. Una pistola de la Segunda Guerra Mundial con las siglas de Vox y el PP grabadas. Y no se habla de otra cosa que de la pistola, pero del artículo, nada. Iglesias ignora todos los secretos del articulismo. Uno de ellos lo reveló un gran maestro de la columna periodística, César González-Ruano.
«En las tres primeras líneas hay que enganchar al lector. Y en las últimas emocionarlo, convencerle de que ha hecho muy bien en leer el artículo. Un buen artículo es como una morcilla. Bien atado al principio y al final. En el medio, se puede meter lo que cada uno considere oportuno, exceptuando el aburrimiento y las faltas de ortografía».
El «efecto pistola» puede interpretarse de dos maneras. Al llevar grabadas las siglas de Vox y el PP, se puede interpretar como una amenaza a los militantes de Vox y el PP. Y al contrario, como una advertencia a sus siete lectores de que los políticos de Vox y el PP pueden utilizarla con sus nucas de objetivo. Pero los tiros no van por ahí, sino por el primer supuesto. Iglesias, gran amigo de Otegui y defensor de la ETA, conoce a la perfección la utilidad de las pistolas cuando se disparan sobre nucas desprevenidas y limpias.
Justo es reconocer que el guirigay que se ha montado en torno a su obstinada e interminable tabarra escrita, se lo debe todo a la ilustración. Pero ha tenido mala suerte. La publicación ilustrada de su anestésico rollo –o plomo, que en este caso se ajusta mejor a sus intenciones–, ha coincidido con la gran noticia del año, que no es, por supuesto, el descenso del precio de la luz. La gran noticia, que ha nublado y disminuido la trascendencia intelectual del plúmbeo chisgarabís admirado por Anson, no ha sido otra que el esperado enlace matrimonial de Doddy y Alma. Al fin, España ha decidido enfrentarse a la nueva normalidad, y ha sido en Lorca donde ha dado el primer paso.
Doña Belén Pérez, mujer de singular belleza anímica, lo que el poeta hindú Salman Mahandi describió como «jardín de flores en las entrañas», es concejal de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de esa importante e industrial localidad murciana. Y a petición de dos agentes municipales y de las familias de los contrayentes, ha tenido a bien celebrar la ceremonia matrimonial de Doddy y Alma. Se trata de dos perros. Doddy es el perro y Alma la perra, que han acudido a su boda elegantemente ataviados, si bien, en el vestido de novia de Alma se echa de menos algún detalle «evasé».
Hasta ahora, lo más que habían conseguido los perros en España era el derecho a heredar. Familiares que han esperado toda una vida para heredar a la tía rica, la trisca al fin la tía rica, el notario los reúne y les informa de la situación. –Todos los bienes de la difunta, con posterioridad al ingreso en el Tesoro de sus impuestos y cargas correspondientes, serán para su perrita Mimí, incluidos el chalé de Benidorm, el automóvil BMW, la colección encuadernada de novelas de Corín Tellado, y su lancha motora fondeada en el puerto de Gandía. Si mis queridos sobrinos desean disfrutar de esos bienes, necesitarán de la autorización por escrito y firmada de Mimí–.
Pero lo de Doddy y y Alma supera a lo de Mimí. Estos perros han sido obligados a casarse sin haber hecho, previamente, el cursillo prematrimonial. Creo que ignoraban la trascendencia del acto. Por fortuna, su boda ha sido de carácter civil. De haberse celebrado la boda, hace unos meses en Solsona, el obispo separatista los habría casado por la Iglesia. Pero el obispo de Solsona ya no es obispo ni de Solsona, porque se ha largado con una escritora de novelas eróticas que, previamente, estuvo casada con un simpático y atractivo musulmán que terminó hasta el gorro de ella.
De tal modo, que ha tenido que ser la anímicamente bella concejala de Lorca, la encargada de dar el paso hacia la nueva normalidad, casando a los agraciados chuchos. El chucho, Doddy, y la chucha Alma, no se me confundan.
Y claro, el somnífero artículo de Iglesias, con o sin pistola, no ha tenido el impacto que se esperaba. Aunque las nucas ya estén señaladas.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 7 de septiembre de 2021